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Tres aspectos de la realidad argentina

por Enrique Guillermo Avogadro

Buenos Aires, 01 Junio 2024
En mis notas vuelvo, recurrentemente, a los tres aspectos de la realidad argentina que más me preocupan: la inmoral prisión de tantos militares y civiles, tolerada por una sociedad hipócrita que los transformó en chivos expiatorios de generalizados pecados; la monumental condena en Nueva York contra la Argentina por la re-estatización de la mayoría accionaria de YPF, para cometer un nuevo desfalco contra el país y enriquecer, aún más, a Cristina y sus hijos; y la inexplicable insistencia de Javier Milei en la nominación de Ariel Lijo para la Corte.

En el primer tema, me indigna la inacción del Gobierno ante tamaña infamia; ante el cúmulo de pruebas que acreditan las estafas que sufrió el país por la vía de las falsas indemnizaciones, debería haber instado, hace meses, una investigación sobre los procesos judiciales que mantienen a tantos (2.700) en injustas prisiones y, desde la Procuración General, instruir a los fiscales militantes a terminar con su inicua manía persecutoria y recomendar, en todos los casos, la prisión domiciliaria en virtud tanto de la edad de los presos cuanto de la imposibilidad que tienen de alterar las “pruebas” y, mucho menos, de fugarse.

En el segundo tema, recuerdo a todos que, si Lijo no hubiera “dormido” la causa de YPF, la Argentina hubiera podido invocar, como lo hizo en su momento Bernardo Saravia Frías, ex Procurador, que todo había sido producto de una enorme corrupción y que, consecuentemente, nadie podía obtener beneficios de la misma.

Y en el último punto, y pese a los muchísimos años que llevo en mi mochila, no consigo entender qué busca el Presidente con esa clarísima aberración. Si lo que pretende es contar con los votos kirchneristas para la aprobación de las leyes que necesita, se equivoca de medio a medio, ignorando una máxima política de antigua data: “al peronismo hay que cobrarle al contado, y pagarle en cuotas”.

En ese caso, el Presidente debiera ser consciente de un hecho concreto: Lijo, si ingresa a la Corte, se quedará veinte años, un lapso que excede, en mucho, cualquier sueño de reelección de Milei, y condicionará la jurisprudencia por mucho más tiempo.

Con el envío del pliego de este cuestionado individuo, Milei ha enterrado en el fango la pureza de acción que mayoritariamente votamos en noviembre. Nada ni nadie encarna más a la denostada “casta” que Lijo.
Y si se tratara de ofrecer a los ladrones pasados trocar impunidad para el pasado a cambio de evitarse problemas judiciales en el futuro, también se equivocaría: pedirle a este funesto Juez que respete una palabra dada es no conocer la personalidad del tipo, capaz de entregar a su propia madre para conseguir poder y dinero.

Ruego a todos quienes coincidan con esta postura que comparezcan a las audiencias públicas que el Senado deberá realizar antes de aprobar su pliego; al menos, podremos dejar constancia, en letras de molde para la historia, que no todos los argentinos estamos dispuestos, por fidelidad política, a mirar para otro lado cuando de corrupción se trata.

Quiero, entonces, aclarar qué pienso: sigo apoyando al Gobierno para invertir el rumbo de colisión que elegimos hace casi ochenta años, pero modificaré mi posición si este disparate se concreta, y asumiré los riesgos que tal conducta podría significar.

Pero, por ahora, me niego rotundamente a creer que el discurso de Milei sea tan mentiroso y vacío de principios como lo fueron los de los políticos que nos gobernaron en las últimas cuatro décadas.

Estamos en una encrucijada que podría significar salir de nuestro laberinto como se debe, por arriba, y llevamos seis meses haciendo duros sacrificios personales; espero que todo no se convierta en una nueva y definitiva frustración.

Hasta nuestro próximo encuentro.

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