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“El Candidato”

ElCanillita.info, 15/09/2023
El gobernador de Chaco y candidato a la reelección, Jorge Capitanich, busca revalidar sus títulos para un nuevo mandato en esa provincia, después de haber resultado el postulante más votado en las PASO, pero la alianza opositora Juntos por el Cambio (JxC) obtuvo el primer lugar a nivel de frentes y se prepara para disputar el poder en las elecciones éste 17 de septiembre.

Jorge Milton Capitanich es un político argentino. Nació el 28/11/1964, proviene de una familia de descendientes de montenegrinos -Montenegro: un país del sureste de Europa situado en la península balcánica- afincados en la Colonia José Mármol, conocida como «La Montenegrina», Departamento Independencia, provincia de Chaco.

Desde el 10 de diciembre de 2019 es gobernador de esa provincia (Chaco), cargo que ocupó anteriormente entre 2007 y 2015.

En 1987 fue secretario del gobernador peronista Danilo Baroni. En la segunda mitad de la década de 1990, durante la presidencia de Carlos Menem, ocupó una serie de cargos burocráticos en el Ministerio de Desarrollo Social.

En 2001, fue elegido senador argentino por la provincia del Chaco. Ese mismo año, fue nombrado Ministro de Economía en el gobierno interministerial de Ramón Puerta. Durante la presidencia de Eduardo Duhalde Capitanich, fue nombrado Jefe de Gabinete, cargo que ocupó hasta mayo de 2002.
Al año siguiente, durante la campaña para las elecciones presidenciales, fue uno de los primeros miembros del Partido Justicialista en apoyar a Néstor Kirchner.

En septiembre de 2007 fue elegido gobernador de Chaco, derrotando al candidato de la UCR Ángel Rozas. En 2011 volvió a ser elegido gobernador con el 66% de los votos.
En 2013, la entonces presidente argentina, Cristina Fernández de Kirchner (actual vicepresidente), nombró a Capitanich jefe de gabinete. El ex gobernador chaqueño ocupó este último cargo hasta el 26 de febrero de 2015, cuando fue sustituido por Aníbal Fernández.

En una ocasión oficial, frente a la ondeante bandera argentina, Capitanich, apodado Coqui, tomó un ejemplar del diario Clarín, nunca tierno con la presidente, y lo rompió atronando contra las “estúpidas y sistemáticas operaciones de prensa”.

La presidente argentina ya navegaba en malas aguas y sus colaboradores habian perdido el norte. El amarillismo político del caso Nisman amenaza con engullir al Gobierno.
El fiscal Alberto Nisman debía comparecer en el Parlamento el 19 de enero para presentar las pruebas de su denuncia contra la presidente, el ministro de Asuntos Exteriores y otros allegados a la Casa Rosada por encubrimiento de los instigadores de la masacre del 18 de julio de 1994 en la Mutual Judía de Buenos Aires.

El cadáver de Alberto Nisman, de 51 años, que dirigió la investigación de la explosión en el centro judío en 1994, en la que murieron 85 personas, fue encontrado por su madre el domingo por la noche en su apartamento.
Según las autoridades, Nisman presentaba una herida de bala en la sien, y junto al cadáver se hallaron una pistola y un cartucho percutado. No se encontró ninguna nota de suicidio en el lugar del crimen.

Estaba previsto que Nisman presentara pruebas, entre ellas escuchas telefónicas en las que afirmaba haber grabado a un intermediario de la Sra. Kirchner acordando encubrir la presunta implicación de Irán en el atentado terrorista. A cambio, Irán proporcionaría el petróleo que tanto necesita la maltrecha economía argentina.

Sus acusaciones enfurecieron al gobierno argentino. Nisman presentó un informe de 300 páginas sobre su investigación de dos años sobre el atentado contra la Asociación Mutual Argentina-Israel (Amia), que, según él, fue orquestado por Irán y Hezbolá, su organización miliciana, para castigar a Argentina por retirarse de un acuerdo de desarrollo nuclear.

Entre el material que iba a exponer se encontraban conversaciones telefónicas que dijo haber grabado en secreto y que, según él, implicaban directamente a la Sra. Kirchner en el intento de conseguir, entre otras cosas, un acuerdo para intercambiar trigo argentino por petróleo iraní.

Una diputada de la oposición, Patricia Bullrich, dijo que Nisman le había informado de amenazas contra él y añadió: “Que un fiscal aparezca muerto antes de declarar ante el Congreso en un caso de terrorismo internacional me parece un asunto enormemente grave.”

Jorge Capitanich, jefe de gabinete de la Sra. Kirchner, había calificado anteriormente las acusaciones de “disparatadas, absurdas, ilógicas, irracionales, ridículas e inconstitucionales”. La fiscal Viviana Fein hizo un llamamiento a la calma y afirmó que la autopsia no había detectado “ninguna intervención” de terceros en la muerte de Nisman.

La presidente Kirchner se contradijo varias veces. La prensa enloqueció. Capitanich leyó en Clarín que Nisman estaba listo para pedir la detención de Kirchner (si no hubiera muerto antes) y decidió que la medida había llegado al colmo. Redujo en mil pedazos la página con el artículo del columnista Nicolás Wiñazki y la que tenía un comentario de Eduardo van der Kooy.

Pero le fue mal, porque el diario Clarín, una potencia editorial y política de Buenos Aires, publicó al día siguiente documentos encontrados en la basura de la casa de Nisman que confirmarían la noticia: 26 páginas corregidas a mano por el juez asesinado y un documento firmado por el comisario Rodolfo Gutiérrez, jefe de Criminalística de la Policía federal. La jueza a cargo de la causa tuvo que desmentirse a sí misma y confirmar la indiscreción.

Para el escudero de confianza de la entonces presidente Kirchner, fueron días aciagos. El sarcasmo en Argentina es un deporte nacional. Las burlas se multiplicaron, el hashtag #Capitanichsacado hizo furor y el video con él imitando al presidente ecuatoriano Correa se volvió viral en internet. El pobre Coqui acabó huyendo de la última rueda de prensa, perseguido por las bromas de los presentes.

El torpe intento del kirchnerismo es siempre presentarse ante el mundo como el heredero de Hugo Chávez. Hasta ahora con magros resultados.

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