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Bolivia: la peor crisis de dengue del siglo

Niños hospitalizados por dengue en el Hospital Municipal de Caranavi

Santa Cruz de la Sierra 3/03/2023

En el escaparate de una farmacia de Santa Cruz de la Sierra, al este de Bolivia, un cartel muestra la imagen de un hombre tomandose la frente y unos mosquitos de dibujos animados zumbando cerca.

“Si la fiebre y el dolor no cesan, pruebe con paracetamol”, reza el cartel, un recordatorio de que, en medio del peor brote de dengue del país en 25 años, sigue faltando una vacuna o incluso un alivio.

El Ministerio de Salud de Bolivia ha informado de más de 11.000 casos de la enfermedad, mientras que 33 personas han muerto, la mayoría niños. Varias regiones, entre ellas Santa Cruz y La Paz, se encuentran en alerta epidemiológica roja.

A finales de la semana pasada se abrió un hospital de campaña en el barrio Plan 3000, en el centro de Santa Cruz, con 30 camas instaladas en un campo de deportes para ayudar a repartir la carga que ahora afecta a sus centros médicos.

Muchos médicos han sido enviados allí tanto para prestar asistencia in situ como para realizar visitas a domicilio en las cercanías; algunos más han sido asignados a guardias de emergencia en los hospitales de la ciudad.

El dengue hemorrágico, la forma grave de la enfermedad que puede provocar fallos orgánicos, hemorragias internas y la muerte, se ha cuadruplicado en los últimos 30 años, infectando a 400 millones de personas al año.

Propagado por el mosquito Aedes aegypti, que también transmite la fiebre amarilla, el zika y el chikungunya, el virus del dengue mata a 20.000 personas al año en todo el mundo.

Aunque se asocia principalmente con el sudeste asiático, su propagación en América Latina (Perú ha registrado este año un aumento del 72% de los casos) se debe en parte a la densidad de población, ya que el mosquito está muy adaptado a los entornos urbanos y se reproduce en el interior de las viviendas.

Hospitales “absolutamente desbordados

El calentamiento global, que crea condiciones más templadas en las que pueden desarrollarse, es también un factor importante de este aumento de casos mundiales; también lo es el auge de los viajes tras la pandemia, que ha visto un incremento de las enfermedades transmitidas por mosquitos que cruzan las fronteras.

El principal método de prevención es eliminar el mosquito, pero los esfuerzos de fumigación que se están llevando a cabo en toda Bolivia no consiguen frenar el aumento del número de casos, por lo que la falta de herramientas eficaces a disposición de las autoridades se está haciendo dolorosamente evidente.

Los hospitales bolivianos están “absolutamente desbordados”, afirma Neelika Malavige, responsable del Programa Mundial contra el Dengue de la Iniciativa Medicamentos para Enfermedades Olvidadas.

La tasa de letalidad ha saltado significativamente esta vez, agrega: 0,3%, en comparación con 0,04% en 2020, con datos que sugieren que está siendo impulsada por DENV-2 – la misma cepa de dengue que causó los brotes más grandes de la historia en Asia entre 2016 y 2019.

“Esto habría ocurrido antes si no fuera por Covid-19, lo que resulta en una reducción de los viajes internacionales en los años 2020 y 2021”, explica Malavige. “Por desgracia, están apareciendo cepas del virus del dengue más virulentas, lo que provoca brotes masivos”.

A su vez, el volumen de personas afectadas dificulta su tratamiento, afirma, reduciendo la capacidad para el estrecho seguimiento de la pérdida de plasma y la restitución de fluidos necesarios, lo que “lleva a que los pacientes desarrollen más complicaciones y, desgraciadamente, a tasas de mortalidad más elevadas”.

Los niños han sido los más afectados por la actual propagación en Bolivia, y también a nivel mundial, debido a que tienen sistemas inmunitarios más débiles; una segunda infección por dengue tiene cinco veces más probabilidades de matar a un niño que a un adulto.

La mayoría considera que las vacunas son la única forma de invertir la tendencia del dengue, que según la Organización Mundial de la Salud el año pasado podría desencadenar la próxima pandemia.

Sin embargo, “muchos países de altos ingresos creen que el dengue no es su problema”, según Malavige, señala que Corea del Sur ha estado reportando entre 250 y 350 casos anuales desde 2016. Europa tampoco es inmune, con casos aparecidos en Italia y Francia el verano pasado.

“Hay que invertir fondos en desarrollar tratamientos, biomarcadores para predecir quiénes desarrollarán una enfermedad grave y estudios para entender mejor la patogénesis de la enfermedad del dengue”.

Parte de la dificultad estriba en que el dengue tiene cuatro cepas; desarrollar una vacuna que pueda “proteger simultáneamente y por igual contra” todas estas variantes diferentes es todo un reto, afirma Regina Rabinovich, directora de la Iniciativa para la Eliminación de la Malaria del Instituto de Salud Global de Barcelona, que describe el dengue como una “enfermedad aterradora”.

Todavía no se ha aprobado ninguna vacuna contra el dengue a escala mundial: Qdenga recibió el visto bueno reglamentario en el Reino Unido el mes pasado, mientras que Dengvaxia ha recibido luz verde en Estados Unidos. Otra opción preventiva que se está probando es la Wolbachia, una bacteria utilizada para infectar a los mosquitos que dificulta la replicación del virus.

Sin embargo, Malavige cree que, a falta de consenso sobre lo que funciona, el empeoramiento de la situación en Bolivia es un indicio de lo que está por venir en otros lugares. “El dengue es ahora un problema de todos”.

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