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El Plan Neo-Marxista de la tendencia Camporista para destruir a la clase media

Generando un amasetamiento social cubanizado, en el cual exista un 80% de “pobres dignos” (según la doctrina social de la Iglesia del Papa Francisco) y asegurar de esta forma, la continuidad electoral permanente del populismo kirchnerista, que es en práctica, un neomarxismo funcional.

Impuestazo a la Clase Media como ensayo de su exterminación

Muchos consideran que el “plan” urdido por el gobierno responde al habitual pragmatismo del peronismo de golpear a los sectores sociales que no los votaron ni los acompañan, para empoderar y traspasar ingresos a los sectores marginales que son su base de sustentación. Esta es una lectura muy ingenua de lo que se ha gestado desde hace tres años: una radicalización del kirchnerismo camporista que lo ha convertido en un neomarxismo funcional.

Aquí hay un plan sistemático que pone a prueba la tolerancia de la clase media para medir su reacción, ya que el impuestazo sería el primer paso a un conjunto de medidas que diezmarán a la clase media, aún con mayor impacto que en la crisis del 2001, para desarticularla políticamente y garantizar la extensión ad infinitum de los sectores sociales bajos permeables y manipulables a la ideologización de la tendencia camporista.

De esta manera, en períodos semestrales, se irán llevando a cabo un despojo recurrente de ingresos, y no se podrá acceder a propiedades (casa, auto, etc), ni siquiera al mero ahorro (buscando una desdolarización), que anule toda capacidad de subsistencia y que en un período no mayor a tres años, los haga visualizar como clase media baja, cuando en realidad, en los hechos -en función de capacidad adquisitiva-, serán nuevos pobres, pero una suerte de “pobreza digna”, como evangeliza la Iglesia Católica con su doctrina social, tan avalada y promovida por el Papa Francisco, garante del modelo.

Conurbanización de todos los centros urbanos más importantes del país.

El Triunfo del Frente con Todos, fue sin lugar a dudas asegurado por el voto del conurbano bonaerense. El nuevo objetivo de la tendencia camporista, es desarticular los centros urbanos y empobrecerlos.
El ejemplo más claro es la ciudad de Rosario, en donde el flagelo del narcotráfico (no combatido e incluso consentido en los doce años anteriores de gestión kirchnerista), están haciendo estragos en la masa social y garantizan una precarización que está convirtiendo a una ciudad extraordinaria llena de cultura, en una miasma de marginación social.

Esto se observa en el crecimiento exponencial de sus villas, fenómeno que no puede eludir ni siquiera la ciudad de Buenos Aires a la que, pese a aportar el 25 % de la coparticipación, se le pretende disminuir su ingreso coparticipable del 3,5 % actual al 2,5 %. Esa quita busca evitar la urbanización de las villas que venía realizando el gobierno de la ciudad (ejemplo peligroso para el plan de conurbanización de las mayores ciudades del país de la tendencia camporista), y ampliar los espacios de pobreza y carencia en la ciudad principal y más paradigmática, como ejemplo de la aceptación de la precariedad, logrando así extenderla a los principales centros urbanos del país como se pretende).

Cubanización social de la Argentina

El deterioro de los niveles de ingreso, la cotización exorbitante del dólar, el cierre total de las importaciones, y el subsidio a la patria contratista seudo industrial, sumado al modelo expropiador del campo para evitar el desarrollo estratégico del sector concebido como agro-industria, dará el golpe final a la precarización angoleña que terminará con el acceso a los bienes simbólicos más característicos de la clase media, arrasada por los impuesto más regresivos para provocar el “derrame” en los sectores marginales.

El tratamiento que se le está dando a la clase pasiva, es la muestra de lo que se hará con todo el espectro social: los jubilados con ingresos “altos” serán congelados, y los de ingresos más bajos serán bonificados, especialmente los tres millones que lograron su jubilación sin aportes y deben tal “inclusión” a la medida del populismo kirchnerista.

Podría decirse que las acciones obradas para todo el espectro jubilatorio, es un ejemplo cabal de las medidas macroeconómicas que se realizaran para un nuevo diseño de la distribución del ingreso, que drenará fondos a los sectores más bajos y marginales de la economía (a los que se les puede capturar el voto más fácilmente), en detrimento de los sectores medios políticamente más independientes, que en la práctica se convertirán en “pobres dignos” con la ilusión de que siguen siendo una clase media baja.

De esta forma, se anulará el peso político de la clase media -hoy decisiva en el resultado de las elecciones- para que se diluya en un proletariado sin capacidad de análisis político, fácilmente manipulable que, a partir de prebendas y “derrames” menores, será captada por el neomarxismo de la tendencia camporista.

Expropiaciones selectivas y precarización económica que llevara a la pérdida de la propiedad

Cuando se habla que el régimen del neomaxismo kirchnerista realizará expropiaciones, nadie puede ser tan ingenuo de pensar que esto se llevará a cabo como en la revolución bolivariana del chavismo, en donde el autócrata decía “exprópiese”, y los inmuebles eran arrebatados por el estado.
La tendencia camporista es más sutil e inteligente; de hecho, son los autores intelectuales del Frente con Todos, que pudo aglutinar a la mayoría de los sectores del peronismo. Los impuestos pueden ser en sí mismos confiscatorios, como ocurrió en 2008 con el campo -y se vuelve a reeditar-, y ahora se extiende a la clase media.

El objetivo del impuestazo inmobiliario provocado por el mayor exponente del neomarxismo, el gobernador Axel Kicillof, de más del 75 % en el ABL, no tiene como fin excluyente la recaudación, sino que, con el incremento de los demás impuestos, haga inviable que alguien de la clase media pueda mantener un inmueble adicional al que vive y deje de ser propietario.

Así, los departamentos de veraneo en la costa, alguna casa quinta, y demás valores, serán imposible de mantener; y eso, psicológicamente, asociará a los sectores medios con los desposeídos y cambiará su mentalidad, pudiendo ser blanco del proceso ideologizador del neomarxismo kirchnerista.

El estado no le expropiará sus propiedades, simplemente hará inviable e imposible su manutención. Habrá grandes deudas de impuestos, y eso provocará remates. El estado no expropiará, simplemente rematará a deudores.
Estas maniobras sutiles, no serán óbice de que determinados sectores estratégicos de la economía, puedan ser estatizados en nombre de la “solidaridad”.

Crecimiento exponencial y masificación de los planes sociales.

El constante deterioro de los ingresos, el amacetamiento social por los despojos a la clase media, creará un sistema de ampliación de planes y subsidios mayúsculos, aún mayores a los obrados en los primeros doce años de populismo.
De esta manera, el estado tendrá una participación directa en todos los estratos sociales, y los sectores de mayores ingresos, dejarán de ser una amenaza pues serán una reducida minoría -demonizada aún más, si cabe, por la ideologización del neomarxismo-.

Por supuesto no se hablará de clases sociales ni de proletariado, como el mismo sistema neolenguístico como se indicó anteriormente respecto a las expropiaciones, pero habrá una maquinaria goebeliana que convertirá en traidores a la patria a todos aquellos que no adhieran al proceso de solidaridad y supuesta distribución de la riqueza.
Todo lo que no sea visto como un bien social, será demonizado.
El individualismo y toda pretensión de progreso o ascenso social, será rotulado de neoliberalismo cultural, y de ideología asocial antiderechos.

Destrucción del poder judicial, última barrera para la cubanización total de la Argentina.

Otra ingenuidad del ataque hacia la justicia por parte del gobierno, es interpretarla como una acción tendiente a liberar a los funcionarios kirchneristas por sus desfalcos de las arcas del estado.

Eso va de suyo, pero el objetivo final es destruir toda barrera para entronizar las medidas descritas anteriormente. La justicia popular de Mempo Giardinelli cometió el error de nombrar sin ambages lo que se proyecta. La neolengua de la tendencia kirchnerista, creará un nuevo relato en el cual se asegurará que en la cárcel sólo están los pobres, y que por lo tanto esta justicia -burguesa, aunque no utilizarán este término-, es antisocial, vetusta, e ineficiente.

Con la excusa de la superpoblación de las cárceles se librará a muchos condenados, y lejos de invertir en nuevos centros o mejorar la infraestructura de los existentes, se hará un megaoperativo de pulseras electrónicas, que además funcionarán defectuosamente, a efectos de ser una mera formalidad para una suerte de amnistía general.
Es que la sustentación de un estado corrupto sólo se logra con una hegemonización absolutoria cultural, que permita un entendimiento de que no existirá ninguna restricción criminal, lo cual facilitará el conflicto social que tanto justifica la acción indiscriminada del estado tanto en las dictaduras fascistas como en las stalinistas.

Con el argumento de que el pueblo es soberano, y la justicia una casta monárquica que no rinde informes y se rige por sí misma, además de ser anquilosada, retrógrada, sin perspectiva solidaria, y con grandes deficiencias; la solución será que el pueblo vote en forma directa a los magistrados, se creen muchos más juzgados, y se implemente un orden jurídico “popular”.
Sin que este esquema tenga muchas diferencias a lo concebido en la época del “terror” de la revolución francesa, el sistema estará especialmente ideado para intimidar a cualquiera que se oponga al esquema de neomarxismo y cubanización.

Las causas de abuso, tan en boga, serán la acusación más frecuente e incluso servirá para depurar las propias filas del Frente con Todos, en detrimento de los sectores peronistas más doctrinarios, y que vayan quedando solamente dirigentes de los sectores de la tendencia camporista. El nuevo aparato legal será la base de la entronización del modelo neomarxista, y la maquinaria de intimidación más poderosa para doblegar toda oposición y especialmente a los medios de comunicación independientes.

Como parte de la ingeniería sutil descrita con las expropiaciones, no se producirá acto alguno de censura, ni uso de la fuerza. El aparato legal renovado, generará las causas necesarias para que la justicia popular convierta en un “desaparecido social” a todo aquel que, desde cualquier expresión, atente contra el modelo neomarxista solidario.

La generación del veinte. Una Alianza para el Progreso

Todo lo narrado sólo podrá ser detenido por una amplia docencia que utilice todos los recursos comunicacionales para delatar el plan del neomarxismo. Para ello se requiere generar consensos, dejar de lado toda ideología y priorizar las libertades humanas en un amplio movimiento de derechos civiles que, a diferencia de aquella histórica gesta de la década del cincuenta en los Estados Unidos, no luche por derechos, sino que batalle para preservarlos.

De esta forma se requerirán, más que partidos políticos de la oposición -que por supuesto sería dable integrar-, organizaciones del tercer sector, asociaciones, fundaciones, y medios de comunicación alternativos, que se sumarían al esfuerzo de llegar a los medios tradicionales para alertar al conjunto de la población.

Requerimos gestar espacios cívicos virtuales y espaciales, en los cuales podamos ampliar y esclarecer la información, clarificar el sentido de las medidas gubernamentales en diferentes niveles y pasos para la entronización del modelo neomarxista, que es una mejora sustancial y discursiva del “socialismo del siglo veintiuno bolivariano”, precario, vetusto y rancio hasta en el lenguaje.

Aquí la capacidad es otra, y la ingeniería lingüística y comunicacional formidable.
La concientización y la capacidad de movilización, sumado a la estructuración de desentrañar la realidad e ideas que puedan desarrollarse en el espacio virtual y social, puede devenir en lograr despertar a esa mayoría silenciosa, que votó por el 41 % una propuesta republicana, pero que, a efectos de detener lo descrito, constituye al menos el 52 %, que puede crecer a mediada que muchos que apoyaron al Frente con Todos visualicen algunas de las cuestiones planteadas en este análisis.

La sociedad en su conjunto, debe comprender que las instituciones creadas hace casi tres siglos, no tienen los anticuerpos para defenderse de proyectos muy elaborados y enjundiosos tendientes a transformar nuestra patria y modelo de vida, para la entronización de un modelo neomarxista que, al terminar con el derecho a la propiedad, el ascenso social, y al crecimiento individual, necesariamente condicionará nuestras libertades individuales o adormecerá nuestra capacidad de desentrañar la realidad para que no les hagamos frente.

Toda persona de bien, todo ciudadano, está obligado a replantearse la sociedad en la que vive, y sobre todo si se permite el desarrollo de las vidas individuales en los términos de los derechos civiles.
Cualquier modelo que atente contra el derecho de propiedad, el ascenso social, y el crecimiento económico, es por definición una amenaza a las libertades públicas.
No importa el origen de cualquier modelo, sino su capacidad de condicionar nuestra vidas y aspiraciones.

Nunca lo expresarán abiertamente; al contrario, disfrazarán sus medidas y accionas en objetivos solidarios y la búsqueda de la justicia social. Es nuestra tarea comprender tales maquinaciones, y generar los anticuerpos para preservar sociedades libres, que sólo pueden ser sustentadas por individuos plenamente libres.

Requerimos una asociación libre de ciudadanos, alejados de todo ideologismo y de las mezquindades políticas, para que se torne en una fuerza social que despierte a ese mayoría silenciosa; una Alianza para el Progreso con el objeto de constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino.

ALIANZA PARA EL PROGRESO

ALFREDO ZALDIVAR

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