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Entre el Evangelio y la motosierra

Buenos Aires.— Javier Milei anunció que la futura visita del papa León XIV será motivo de «inmensa alegría y enriquecimiento espiritual para los argentinos». Lo dijo en Neuquén, durante una intervención en la Iglesia Evangélica Bautista Jesús es Rey, donde también reivindicó los valores judeocristianos. La noticia merece celebrarse. La ocasión, además, invita a examinar una cuestión bastante terrenal: qué relación existe entre los principios que se proclaman y las políticas que se ejecutan.

El presidente aseguró que los argentinos recibirán al pontífice con los brazos abiertos. Es una expresión generosa, especialmente cuando procede de un dirigente cuya retórica política no siempre se distingue por la hospitalidad hacia quienes piensan diferente. Quizá la proximidad espiritual de Roma consiga lo que la convivencia democrática todavía reclama: descubrir que el adversario no es necesariamente un enemigo.

Milei también sostuvo que respetar los derechos exige perseverancia, paciencia y convicción. Difícilmente alguien podría objetar semejante principio. El problema comienza cuando esos derechos deben abandonar la comodidad del discurso y presentarse en la ventanilla de una jubilación, en el presupuesto de un hospital o en el comedor de una familia. Allí las grandes palabras suelen perder parte de su brillo.

El mandatario defendió el equilibrio fiscal con un argumento atendible: no resulta justo trasladar deudas a las generaciones futuras ni castigar a los sectores vulnerables mediante la inflación. La responsabilidad presupuestaria es una obligación del Estado. Pero tampoco sería justo convertirla en una virtud absoluta, indiferente a la distribución de sus sacrificios. Una contabilidad equilibrada no demuestra, por sí sola, que una sociedad sea más justa.

La doctrina social de la Iglesia católica, que ningún presidente está obligado a adoptar como programa económico, ofrece sin embargo una referencia interesante para quien invoca públicamente los valores cristianos. Habla de dignidad humana, solidaridad, bien común y atención preferencial a los más vulnerables. No exige que los gobiernos multipliquen gastos irresponsablemente; exige algo bastante más incómodo: que las personas no desaparezcan detrás de las cifras.

Durante su exposición, Milei afirmó también que su administración cumplió cada una de sus promesas electorales y que el camino elegido permitirá evitar el regreso del populismo. Son afirmaciones políticas que requieren contrastarse con resultados concretos. Porque las promesas, a diferencia de los actos de fe, pueden verificarse. Y porque ningún gobierno adquiere el monopolio de la razón por declararse enemigo de los errores ajenos.

La futura visita de León XIV podría ofrecer una ocasión extraordinaria para reflexionar sobre el sentido de la justicia, la responsabilidad individual y las obligaciones colectivas. Sería una lástima reducir semejante acontecimiento a una fotografía protocolar, una ceremonia de bienvenida o una oportunidad para envolver decisiones económicas en un lenguaje de inspiración religiosa.

Conviene recordar que el Evangelio no contiene instrucciones para administrar el Banco Central ni fórmulas para calcular el déficit fiscal. Tampoco prescribe un modelo tributario. Pero insiste, con una obstinación que atraviesa los siglos, en la dignidad de los pobres, la compasión y el deber de no abandonar al prójimo. Son enseñanzas difíciles de acomodar a cualquier ideología que pretenda convertirlas en propiedad exclusiva.

El presidente tiene pleno derecho a defender sus convicciones económicas y a expresar sus sentimientos religiosos. Los ciudadanos conservan otro derecho igualmente importante: preguntar si las decisiones del poder guardan correspondencia con los principios que invoca. Porque la fe puede inspirar a un gobernante, pero no sustituye la obligación de rendir cuentas. Y la justicia social, por mucho que incomode a determinados discursos, no desaparece simplemente porque alguien decida cambiarle el nombre.

Cuando León XIV llegue a la Argentina, durante su visita del 8 al 11 de noviembre, encontrará una sociedad con esperanzas, diferencias y necesidades que no caben en una consigna. Tal vez entonces resulte oportuno recordar una distinción elemental: la motosierra puede ser una herramienta de política económica; el Evangelio, en cambio, nunca fue un manual de instrucciones para utilizarla.

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Fuentes consultadas: Agencia Noticias Argentinas (NA), despacho del 31 de octubre de 2026 sobre las declaraciones de Javier Milei en Neuquén. Doctrina social de la Iglesia católica, como referencia conceptual. Las declaraciones presidenciales se reproducen según el cable de NA.

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