
Hay una vieja diferencia entre anunciar inversiones y verlas trabajando. Una cosa es la carpeta, otra la excavadora. Una cosa es París, otra la Puna. Y una cosa son 27.000 millones de dólares pronunciados bajo luces internacionales y otra bastante más terrenal es comprobar dónde están, quién los pone, cuándo llegan y qué dejan después de aterrizar.
Javier Milei parece dispuesto a cruzar justamente ese puente.
Después de la Argentina Week, donde el Gobierno nacional informó anuncios de inversiones por unos US$27.000 millones entre nuevos proyectos, solicitudes de ingreso al RIGI y ampliaciones de iniciativas existentes, la Casa Rosada prepara una gira por varias provincias vinculadas al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones.
Y Mendoza aparece en el mapa.
La palabra importante, por ahora, es aparece.
Según la información publicada por La Nación, la provincia estaría incluida en el recorrido presidencial previsto hacia diciembre. Sin embargo, desde el Gobierno mendocino señalaron a Los Andes que todavía no recibieron confirmación de la Casa Rosada.
En política argentina, entre “está previsto” y “está confirmado” puede caber un océano. Y a veces también una elección.
La eventual llegada de Milei tendría, además, una fotografía política difícil de ignorar. Apenas días atrás, Alfredo Cornejo acompañó al Presidente en París junto con otros gobernadores, en una agenda dedicada precisamente a mostrar oportunidades de inversión en la Argentina.
Ahora podría producirse el movimiento inverso: después de llevar las provincias ante los inversores, llevar al Presidente ante las inversiones.
Tiene lógica.
Porque el RIGI está entrando en una etapa en la cual los números necesitan comenzar a tener domicilio.
Los primeros 23 proyectos aprobados representan, según datos del Poder Ejecutivo, compromisos de inversión por US$49.766 millones. Doce corresponden a minería, siete a petróleo y gas, dos a energía eléctrica, uno a siderurgia y otro a infraestructura.
Son cifras suficientemente grandes como para llenar discursos, presentaciones, conferencias y varias pantallas gigantes.
Pero queda la pregunta menos glamorosa y bastante más importante:
¿cuánto de todo eso comenzará efectivamente a producir?
Y después vienen las demás.
¿Cuándo?
¿Con cuántos trabajadores?
¿Cuántos serán locales?
¿Cuánto comprarán esas empresas en las provincias donde se instalan?
¿Cuánto exportarán?
¿Cuánto recaudarán las jurisdicciones?
¿Y cuánto de aquella formidable palabra llamada “inversión” terminará convertido en actividad económica visible fuera de una presentación de PowerPoint?
Ahí comienza la verdadera prueba del RIGI.
Mendoza tiene un caso particularmente interesante: el parque solar El Quemado, en Las Heras, presentado como uno de los primeros grandes emprendimientos provinciales incorporados al régimen y ya convertido en referencia concreta dentro del nuevo esquema.
Si Milei finalmente llega, difícilmente la visita sea solamente turística.
Habrá cascos, chalecos, cámaras, empresarios, funcionarios y seguramente alguna maquinaria colocada estratégicamente detrás del atril. Es parte del ceremonial contemporáneo de las inversiones: antes los presidentes cortaban cintas; ahora también recorren paneles solares y contemplan mapas geológicos.
Nada malo hay en ello.
Siempre que detrás de la fotografía exista algo más resistente que la fotografía.
La gira comenzaría a mostrar justamente eso. Salta será una de las primeras escalas, con la inauguración de la Planta II del proyecto Sal de Oro, en la Puna. La agenda prevista incluye además Catamarca, San Juan, Río Negro, Neuquén, La Pampa, Mendoza, Jujuy y Santa Fe.
El recorrido tiene economía, pero también tiene política.
Los funcionarios nacionales aprovecharán las escalas para conversar con gobernadores mientras avanzan negociaciones sobre reformas y acuerdos que inevitablemente miran hacia 2027.
Porque una mina puede tener litio, cobre u oro.
Pero una provincia también tiene votos.
Y ningún gobierno olvida por completo ese mineral.
La Casa Rosada sostiene que los primeros proyectos del RIGI podrían generar más de 108.000 empleos entre puestos directos e indirectos. Si esa cifra comienza a materializarse, el Gobierno habrá encontrado algo políticamente mucho más valioso que un eslogan: obras que puedan mostrarse.
Pero también aquí corresponde conservar la calculadora cerca y el bombo a una distancia prudente.
Un puesto de trabajo anunciado no es todavía un salario cobrado.
Una inversión comprometida no es necesariamente una inversión ejecutada.
Una solicitud de ingreso al RIGI no es una fábrica funcionando.
Y US$49.766 millones sobre el papel continúan siendo, hasta que empiezan a transformarse en instalaciones, producción y empleo, US$49.766 millones sobre el papel.
Por eso la gira puede resultar bastante más interesante de lo que parece.
Milei intentará demostrar que el RIGI dejó de ser una sigla discutida en Buenos Aires para convertirse en proyectos distribuidos por el territorio argentino.
Los gobernadores, mientras tanto, querrán demostrar que parte de esa lluvia de millones cae justamente dentro de sus fronteras.
Los empresarios mostrarán proyectos.
Los funcionarios mostrarán números.
Los fotógrafos mostrarán cascos.
Y los ciudadanos harán probablemente la pregunta más sencilla de todas:
¿esto cuándo se nota en la calle?
Mendoza espera su turno.
Por ahora está escrita en el itinerario periodístico, pero no confirmada en la agenda oficial provincial.
Si finalmente Milei llega en diciembre, después de haberse encontrado con Cornejo bajo las luces de París, tendremos una curiosa segunda escena de la misma película.
La primera fue vender la Argentina al mundo.
La segunda será comprobar qué compró el mundo.
Y ahí, Socio, termina el mambo de los anuncios y empieza la música bastante más difícil de bailar: la de los resultados.
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Fuentes consultadas: información atribuida al Gobierno nacional y datos publicados por La Nación y Los Andes.
