Press "Enter" to skip to content

EL PETRÓLEO QUE VUELVE A TRABAJAR

Hay pozos petroleros que envejecen. Y hay otros que simplemente dejan de interesar al dueño de turno.

La diferencia parece pequeña, pero puede valer millones.

En Mendoza, algunas áreas convencionales de las que YPF decidió retirarse comienzan ahora una segunda vida bajo nuevos operadores. Una compañía mendocina proyecta inversiones por 206 millones de dólares durante los próximos diez años, destinadas a reactivar pozos, volver a perforar y aplicar técnicas capaces de extraer petróleo allí donde la explotación tradicional ya había perdido entusiasmo.

Dicho sin petróleo verbal: alguien está dispuesto a poner dinero donde otro decidió levantar campamento.

El grueso del programa corresponde a 150 millones de dólares destinados a áreas de Malargüe incorporadas recientemente. A ello se agregan otros compromisos de inversión en concesiones convencionales renovadas y nuevos desarrollos adjudicados por la provincia.

La cifra de 206 millones impresiona, pero conviene administrarle la euforia. Está distribuida a lo largo de una década: aproximadamente veinte millones de dólares anuales. Es inversión relevante para una operación regional; no es, todavía, una revolución petrolera.

Y justamente por eso resulta interesante.

Una parte importante del dinero estará destinada al llamado workover: intervenir pozos actualmente inactivos para intentar devolverlos a producción. En otras palabras, antes de salir a buscar petróleo nuevo, se revisará cuánto puede todavía ofrecer aquello que ya está perforado y que, por distintas razones, quedó detenido.

Después vendrán nuevas perforaciones. Según explicó el presidente y CEO de la compañía, en algunas de esas áreas hace alrededor de ocho años que no se perfora.

Ocho años en la industria petrolera son bastante más que ocho páginas de calendario. Significan equipos que se fueron, proveedores que buscaron otros horizontes, trabajadores que debieron reconvertirse y pueblos enteros que aprendieron que la palabra “reestructuración” suele llegar antes que las explicaciones.

El capítulo tecnológicamente más interesante será un proyecto piloto de recuperación terciaria mediante inyección de polímeros, con una inversión estimada entre cuatro y cinco millones de dólares. La técnica procura movilizar petróleo que permanece dentro del reservorio y que los métodos convencionales ya no consiguen extraer eficientemente.

No se trata de magia ni de ordeñar piedras. Se trata de ingeniería aplicada a yacimientos maduros.

Si el piloto funciona, la experiencia podría extenderse a otros sectores. Y allí comienza la parte verdaderamente importante del asunto: demostrar que campos considerados maduros todavía pueden producir cuando se combinan inversión, conocimiento técnico y tecnologías adecuadas.

Pero existe otra palabra que pesa tanto como “petróleo”: empleo.

Cada vez que una gran operadora abandona áreas y éstas pasan a compañías más pequeñas aparece la misma inquietud. Las nuevas empresas suelen buscar estructuras más livianas, reducir costos y revisar contratos de servicios. La eficiencia empresarial puede quedar preciosa en una planilla Excel mientras, unos casilleros más abajo, desaparecen puestos de trabajo.

La compañía sostiene, sin embargo, que pretende recorrer el camino contrario.

Actualmente tendría unos 340 colaboradores en sus operaciones de Mendoza y Santa Cruz, y proyecta superar los 800 durante la nueva etapa de expansión. Además, plantea incorporar trabajadores provenientes de empresas contratistas para amortiguar el impacto laboral de la transición.

Es probablemente la promesa que merezca mayor atención.

Porque los millones anunciados pueden contarse en comunicados; los barriles, en estadísticas; los polímeros, en informes técnicos. Pero el verdadero termómetro de una inversión regional también está en los talleres que vuelven a abrir, los camiones que vuelven a circular, los proveedores que facturan y los trabajadores que encuentran nuevamente una tarea.

Mendoza conoce el petróleo desde mucho antes de que Vaca Muerta se convirtiera en una expresión cotidiana. Sus yacimientos convencionales quizá ya no tengan el brillo juvenil de las nuevas estrellas energéticas argentinas, pero tampoco corresponde extenderles apresuradamente el certificado de defunción.

A veces un pozo agotado está agotado.

Y otras veces solamente estaba esperando que alguien volviera a mirarlo.

Ahora llegan 206 millones de razones para hacerlo.

La provincia, la empresa y el tiempo tendrán que demostrar cuántas de ellas terminan saliendo del papel y entrando efectivamente bajo tierra.

Porque en materia de inversiones existe una vieja diferencia que ningún barril de pimienta consigue disimular:

una cosa es anunciar que habrá petróleo. Otra, bastante más trabajosa, es hacerlo brotar.

© 🖋️ El Tasador del Relato | 2026 — All Rights Reserved


© 2026 SalaStampa.eu, world press service – All Rights Reserved – Guzzo Photos & Graphic Publications – Registro Editori e Stampatori n. 1441 Turin, Italy

* 9 *