
Argentina
Hay proyectos que comienzan con una piedra fundamental. Otros, con una reunión. Algunos empiezan varias veces, que es una especialidad administrativa argentina digna de ser incorporada al patrimonio cultural de la Nación.
La Base Naval Integrada de Ushuaia pertenece, por ahora, a esta última categoría.
Este viernes aterrizarán en Ushuaia el canciller Pablo Quirno y el ministro de Defensa, teniente general Carlos Presti, para recorrer el terreno destinado al obrador y tratar de poner fechas concretas a una iniciativa cuya importancia estratégica resulta difícil discutir.
Porque Ushuaia no es solamente el último puerto antes de que el mapa empiece a llenarse de hielo. Es una posición privilegiada sobre el Atlántico Sur, una puerta natural hacia la Antártida y una pieza inevitable en cualquier política argentina que pretenda pronunciar las palabras Malvinas, logística, soberanía y presencia antártica sin que parezcan decoración de discurso.
Hasta aquí, magnífico.
El problema aparece cuando la estrategia abandona el mapa mural y entra en el Ministerio de Economía.
La Nación habría reasignado 142 millones de dólares para el proyecto. La estimación total, sin embargo, se encuentra entre 400 y 500 millones. En la versión más benévola todavía faltarían unos 258 millones; en la más ambiciosa, 358 millones.
No es exactamente el vuelto del café.
De allí la orden presidencial a Luis Caputo para que el Presupuesto 2027 otorgue prioridad a las partidas destinadas a la base y a otros proyectos vinculados con la seguridad nacional. Es razonable. Aunque también significa reconocer que hoy existe una obra considerada estratégica cuyo financiamiento estratégico todavía está buscando estrategia.
Y aquí conviene quitarle un poco de pintura fresca al cartel.
La Base Naval Integrada no nació con este Gobierno. Su inicio formal fue anunciado en marzo de 2022, durante la gestión del entonces ministro de Defensa Jorge Taiana. La administración Milei puede reimpulsarla, modificarla, financiarla mejor, acelerarla e incluso terminarla. Lo que no corresponde es rejuvenecerle la partida de nacimiento.
Tampoco debería despreciarse la afirmación oficial de que será construida con capitales argentinos. En una región donde cada muelle, radar, pista, puerto y movimiento logístico adquiere inevitablemente una dimensión geopolítica, precisar quién pone el dinero no constituye una cuestión menor.
Mucho menos cuando alrededor de Tierra del Fuego convergen el Atlántico Sur, la proyección antártica, la disputa de soberanía sobre Malvinas, el tráfico marítimo internacional y los intereses crecientes de potencias que no suelen viajar miles de kilómetros solamente para contemplar pingüinos.
El reciente despliegue de una nueva estructura regional de la Policía de Seguridad Aeroportuaria en Ushuaia confirma, además, que el Gobierno está mirando el extremo austral con una atención que excede esta obra. Eso merece ser observado sin anteojeras: fortalecer una presencia estatal efectiva en una región estratégica es una política que puede y debe sobrevivir a los gobiernos.
Precisamente por eso la Base Naval necesita algo más serio que entusiasmo presidencial, recorridas ministeriales y fotografías junto al terreno.
Necesita dinero, calendario, contratos, continuidad presupuestaria y ejecución.
Porque una base naval de 500 millones de dólares no se construye con soberanía declamada. Tampoco con carpetas repletas de gráficos, proyectos impecablemente encuadernados y buenas intenciones.
Argentina lleva décadas demostrando una extraordinaria capacidad para imaginar grandes obras y una habilidad bastante más modesta para terminarlas.
Esta vez hay una oportunidad de hacer lo contrario.
Que Quirno y Presti viajen a Ushuaia es una señal. Que el Gobierno considere estratégica la infraestructura austral es otra buena señal. Y que se quiera asegurar financiamiento en el Presupuesto 2027 podría ser la tercera.
Pero entre una señal y una base naval existe una pequeña diferencia:
la segunda debe construirse.
Por ahora tenemos el proyecto, la geopolítica, el terreno y 142 millones.
El dorado está dibujado.
Falta encontrar la plata.
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Fuente: Secretaria de Prensa, Prensa argentina
