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Respaldo electoral

Alfredo Cornejo salió a respaldar el proyecto sobre las Islas Malvinas anunciado por Javier Milei. Lo hizo con las palabras apropiadas: causa nacional, memoria de los veteranos, soberanía, diplomacia y derecho internacional. Un traje institucional impecable, planchado para la ocasión y con escarapela en la solapa.

El gobernador mendocino celebró especialmente el cambio de estrategia del Gobierno: menos resoluciones diplomáticas destinadas a dormir en los archivos y más represalias económicas capaces —al menos en teoría— de producir consecuencias concretas.

La idea merece ser considerada. Después de décadas de declaraciones solemnes, comunicados y fotografías de familia, nadie podría escandalizarse porque la Argentina intente incorporar algún instrumento efectivo a su reclamo. El problema comienza cuando la firmeza se anuncia antes de conocer su alcance, su costo y, sobre todo, quién terminará pagando la factura.

Las represalias económicas suelen presentarse como cañones dirigidos hacia el adversario. Luego, cuando llega el momento de disparar, se descubre que algunas estaban apuntando hacia los propios bolsillos. La soberanía necesita decisión, pero también puntería.

Cornejo añadió a su respaldo la memoria sanmartiniana de Mendoza. Recordó que desde aquella provincia partió el Ejército de los Andes y vinculó esa gesta con los compromisos soberanos del presente. La comparación es noble, aunque conviene conservar las proporciones: San Martín cruzó la cordillera con un ejército; la política argentina suele cruzar declaraciones por las redes sociales.

Horas después, el mismo gobernador reclamó una reforma fiscal profunda: impuestos, gasto público, distribución de recursos y coparticipación. Es decir, abrió el cajón donde la Nación y las provincias guardan desde hace décadas sus cuchillos más afilados.

Allí termina rápidamente la unanimidad patriótica. Sobre Malvinas todos pueden estrecharse la mano; cuando comienza la discusión sobre quién recauda, quién distribuye y quién paga, cada gobernador vuelve a contar los cubiertos.

Cornejo sabe que la estabilidad macroeconómica no basta si las provincias carecen de reglas previsibles, inversiones e infraestructura. También sabe que respaldar al Presidente en una causa nacional es una manera elegante de sentarse a la mesa antes de que comience la discusión por la caja.

No hay nada ilegítimo en ello. Gobernar consiste, entre otras cosas, en defender los intereses provinciales. Pero el respaldo político rara vez viaja sin equipaje: puede llevar soberanía, minería, coparticipación y calendario electoral dentro de la misma valija.

Malvinas merece una política de Estado seria, constante y ajena a los entusiasmos de temporada. La reforma fiscal también. Si ambas terminan reducidas a ceremonias de apoyo entre dirigentes que ya miran las próximas urnas, no estaremos ante una estrategia nacional, sino ante la vieja política argentina estrenando vocabulario.

Porque en vísperas electorales hasta los respaldos más patrióticos tienen doble lectura: una se publica en X; la otra se cuenta en votos.

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Fuentes consultadas: declaraciones públicas de Alfredo Cornejo, información de MDZ y cables de prensa.

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