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Abuela Pecas tenía razón: también hay buenas noticias


ACLARACIÓN DE LA REDACCIÓN

En la primera versión de esta nota utilizamos una expresión que podía inducir a interpretar que la Secretaría General de la Presidencia había sido creada por el gobierno de Javier Milei.

No es así.

La Secretaría General de la Presidencia es un organismo anterior a la actual administración. Lo que corresponde atribuir al presidente Javier Milei es la designación de su hermana, Karina Milei, para ocupar ese cargo.

Corregimos la expresión y agradecemos a quienes señalaron la imprecisión. El argumento editorial de la nota permanece inalterado.


Abuela Pecas está enojada con nosotros.

Dice que este diario escucha una sola campana. Que contamos la fábrica que cierra, el bolsillo que no alcanza, el empleo que desaparece y el jubilado que hace cuentas, pero no hablamos suficientemente de las buenas noticias.

Y tiene derecho a protestar.

Nos recuerda, por ejemplo, la media sanción en Diputados de una reforma de la Carta Orgánica del Banco Central destinada a limitar la emisión monetaria para financiar al Tesoro. También menciona propuestas para que presidente, legisladores y asesores sufran en sus propios bolsillos las consecuencias del déficit. Nos habla de inflación, de empresas que llegan o regresan y, sobre todo, pide tiempo.

Hasta aquí, Abuela Pecas, concedido.

Por eso hoy vamos a mirar el vaso desde el otro lado.

Sería injusto afirmar que durante la presidencia de Javier Milei no se produjeron cambios importantes en la estructura del Estado. Cambiaron ministerios, desaparecieron organismos, se fusionaron dependencias y se redujeron planteles. Al mismo tiempo, como ocurre con todo gobierno, se realizaron designaciones para ocupar puestos políticos y áreas consideradas estratégicas.

Y llegamos así a uno de los cargos más importantes de la administración nacional: la Secretaría General de la Presidencia.

Conviene repetirlo para que no quede margen para otra interpretación: Javier Milei no creó ese cargo.

Lo que hizo fue designar para ocuparlo a Karina Milei, su hermana.

No se trata de un puesto ornamental. La secretaria general ocupa uno de los centros neurálgicos de la Casa Rosada y Karina Milei se convirtió, además, en una figura decisiva en la construcción política de La Libertad Avanza.

Aquí aparece una cuestión distinta, y legítimamente discutible.

Karina Milei no fue elegida por los ciudadanos. Como ocurre con numerosos funcionarios del Poder Ejecutivo, llegó a su cargo mediante una designación presidencial. La particularidad evidente es que quien la designó es, además, su hermano.

El parentesco no demuestra incapacidad, ilegalidad ni corrupción. Pero cuando un presidente confía a un familiar directo una posición de semejante relevancia, resulta inevitable que aparezca en la discusión pública la cuestión del nepotismo.

Puede debatirse su alcance jurídico. Puede sostenerse que un presidente necesita personas de absoluta confianza. También pueden defenderse los méritos de la funcionaria.

Lo que no corresponde es confundir esa discusión con la creación del organismo: la Secretaría ya existía; la designación de Karina Milei pertenece al actual Presidente.

La noticia de estas horas agrega otro elemento.

Según las declaraciones juradas presentadas ante la Oficina Anticorrupción y los cálculos publicados a partir de ellas, el patrimonio neto declarado de Karina Milei pasó de $622.246,60 al asumir a $34.343.313,57 al cierre de 2025. Medido en términos reales, el incremento informado es del 1.827,1%.

Antes de que alguien saque el trabuco, corresponde otra precisión.

Ese porcentaje no demuestra por sí mismo que Karina Milei haya ganado ese dinero gracias a su cargo ni acredita irregularidad alguna. Una parte decisiva de la variación proviene de la valuación declarada de un departamento heredado en Vicente López: el inmueble pasó de $1.415.525,36 en diciembre de 2023 a $28.162.492,74 en 2025.

Puede existir, como señala la información publicada, una explicación relacionada con modificaciones en la valuación fiscal.

Precisamente para eso existen las declaraciones juradas: no para condenar anticipadamente a nadie, sino para permitir que los ciudadanos conozcan, comparen y pregunten.

Y la pregunta sigue siendo sencilla:

¿Qué metodología explica semejante modificación en el valor declarado del inmueble?

También Javier Milei declaró un aumento patrimonial. Cerró 2025 con bienes, depósitos y dinero por $295.182.652, unos $89 millones más que el año anterior. Allí aparecen depósitos, efectivo y la actualización fiscal de una propiedad, además de dos vehículos ya declarados.

Nada de esto constituye, por sí solo, un delito.

Pero tampoco constituye una impertinencia periodística preguntar.

De manera que Abuela Pecas tenía razón en una cosa fundamental: hay que escuchar todas las campanas.

Cuando baja la inflación, se cuenta.

Cuando llega una inversión, se cuenta.

Cuando abre una fábrica, se cuenta.

Cuando se destruyen empleos, también.

Y cuando quienes administran un país exhiben modificaciones patrimoniales que llaman la atención, se pregunta cómo ocurrieron.

Porque el periodismo que solamente busca desgracias termina convertido en militancia del pesimismo.

Pero el que sólo publica buenas noticias termina convertido en folleto oficial.

Aceptamos, entonces, el tirón de orejas de Abuela Pecas.

Y también aceptamos el nuestro.

Porque si exigimos precisión a quienes gobiernan, la primera obligación de esta Redacción es corregirse cuando una frase propia puede inducir a error.

Después de eso, Abuela Pecas puede seguir tocándonos la campana.

Nosotros seguiremos escuchándola.

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