Press "Enter" to skip to content

EL PAPA NO VIENE CON AFORO

Hay visitas de Estado que se resuelven con alfombra roja, fotografía oficial, dos himnos, apretones de manos y comunicado conjunto.

Y después están las visitas de un Papa.

León XIV llegará a la Argentina el 8 de noviembre y permanecerá apenas tres días. Parece poco. Para la Casa Rosada, quizá resulte una eternidad.

No porque el pontífice venga dispuesto a encabezar una manifestación, fundar un partido político o presentar una lista para las próximas elecciones. Viene como Papa y, según insiste la Iglesia, en viaje pastoral.

Precisamente ahí comienza el problema.

Porque la pastoral católica tiene desde hace bastante tiempo una incómoda costumbre: hablar de pobres, trabajadores, ancianos, enfermos, presos, migrantes, personas con discapacidad, dignidad humana y justicia social.

Todo un temario de alto riesgo para estos tiempos.

El Gobierno parece preocupado por el contenido de los mensajes pontificios, pero quizá debería inquietarlo todavía más el escenario. La Iglesia quiere al Papa en contacto con la gente, en actos abiertos y multitudinarios. La administración Milei preferiría acontecimientos más contenidos, con recintos, estadios, perímetros y aforos manejables.

En términos técnicos: seguridad y organización.

En términos políticos: cuanto menos imprevisible sea la fotografía, mejor.

Pero organizar la visita de un Papa como si fuera una convención empresarial presenta ciertas dificultades. Si millones de personas quieren salir a verlo, habrá que explicarles que la libertad avanza, aunque preferentemente detrás de una valla y hasta completar capacidad.

La discusión no es menor.

Una multitud no necesariamente protesta. Tampoco necesariamente apoya al Gobierno. Simplemente existe. Y cuando existe delante de un dirigente religioso que habla de cuestiones sociales, adquiere inevitablemente una dimensión pública que ningún departamento de comunicación puede editar antes de transmitirla.

Ahí reside probablemente la mayor incomodidad.

León XIV no necesita pronunciar el nombre de Javier Milei para producir una lectura política. Ni siquiera necesita formular una crítica.

Le bastaría visitar una institución que atiende personas con discapacidad.

De hecho, entre los lugares que se estudian aparece el Cotolengo Don Orione de Claypole, donde viven cientos de personas con discapacidad. Si la visita finalmente se concreta, el Papa podría recorrer sus instalaciones, abrazar a algunos residentes, escuchar a las familias y marcharse sin decir una sola palabra sobre el Gobierno.

La fotografía haría el resto.

Ese es uno de los misterios de la comunicación política que todavía ninguna motosierra consiguió simplificar: hay imágenes que redactan su propio editorial.

También se analiza una visita a la cárcel de Devoto. Tampoco sería extraño. Francisco visitaba cárceles y León XIV mantiene una sensibilidad pastoral semejante hacia quienes viven en los márgenes.

Otra fotografía incómoda.

Y podría haber Luján, Palermo, Córdoba, eventualmente la avenida 9 de Julio, un homenaje a Francisco en la Catedral y encuentros con diplomáticos, empresarios, científicos, sindicalistas y movimientos populares.

Demasiadas personas conversando entre sí para una Argentina acostumbrada últimamente a conversar a los gritos.

Pero hay un detalle todavía más interesante.

La visita papal ya habría conseguido un pequeño prodigio antes de comenzar: sentar alrededor de una misma mesa a representantes del Gobierno nacional, de la provincia de Buenos Aires, de otras jurisdicciones y de la Iglesia.

No hubo conversión colectiva ni aparición celestial.

Hubo necesidad.

A veces la institucionalidad comienza exactamente así: cuando quienes no se soportan descubren que, pese a todo, deben trabajar juntos.

También aparece la cuestión del dinero. Seguridad, traslados, escenarios, sonido, logística, papamóvil, desplazamientos y una comitiva considerable. Nación afrontará determinados gastos propios de una visita de Estado; la Iglesia deberá hacerse cargo de buena parte de la infraestructura de los actos.

Y allí vuelve a escucharse, naturalmente, la melodía oficial:

“No hay más plata”.

Es razonable discutir cada euro, dólar o peso que se gaste. La austeridad pública no debería suspenderse porque llegue un pontífice. Tampoco debería convertirse la calculadora en instrumento litúrgico.

El verdadero asunto, sin embargo, no figura en ninguna factura.

Lo que inquieta políticamente de León XIV es aquello que no puede presupuestarse: qué dirá, dónde lo dirá y quiénes estarán allí para escucharlo.

Si habla de justicia social, habrá interpretación.

Si habla de pobreza, habrá interpretación.

Si habla de discapacidad, habrá interpretación.

Si habla de dignidad del trabajo, habrá interpretación.

Y si cinco millones de personas salen a las calles, ni siquiera hará falta interpretar demasiado.

El error sería creer que eso transforma al Papa en opositor.

La doctrina social de la Iglesia no nació con Milei, ni con Cristina Kirchner, ni con Perón, ni con Francisco. Tiene más años que todos ellos y ha incomodado, según la época, a gobiernos de muy diferentes colores.

El Papa tampoco debería convertirse en utilería de la oposición. Quien pretenda utilizar una sotana para conseguir lo que no consigue en las urnas cometerá una manipulación tan evidente como quien intente esconderla detrás de un escenario cerrado.

León XIV viene como jefe de la Iglesia católica y jefe de Estado.

Milei es presidente de la República Argentina.

Cada uno ocupa su lugar.

La dificultad comienza cuando alguien pretende decidir también cuál debe ocupar el otro.

Por eso quizá convenga simplificar desde ahora la organización.

Preparar la seguridad.

Ordenar los traslados.

Coordinar las provincias.

Revisar las cuentas.

Construir el papamóvil.

Y después abrir las puertas.

Porque si verdaderamente se trata de una visita pastoral, habrá que aceptar una consecuencia bastante elemental:

el pastor viene a encontrarse con su rebaño.

Y cinco millones de ovejas, por más voluntad administrativa que exista, difícilmente entren en un acto con aforo.

🖋️© El Traductor del Poder | 2026 – Derechos reservados


© 2026 SalaStampa.eu, world press service – All Rights Reserved – Guzzo Photos & Graphic Publications – Registro Editori e Stampatori n. 1441 Turin, Italy

* 3 *