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Pharisaîos

por El Importador de Excusas

Cuando la pureza moral se proclama a los gritos, conviene mirar el registro de llamadas.

Hay escándalos que nacen en las sombras. Otros, en cambio, quedan grabados en el historial del teléfono.

El caso LIBRA empieza a parecerse peligrosamente a lo segundo. Mientras el relato oficial insistía en que el Presidente apenas había hecho una promoción casual de una criptomoneda, los peritajes judiciales comenzaron a mostrar otra escena: llamadas, mensajes, coordinación.

Cinco comunicaciones entre Javier Milei y el trader Mauricio Novelli en los minutos previos al famoso tuit del 14 de febrero. Cinco. No una coincidencia, no un saludo de cortesía, no un error de dedo.

Cinco.

La palabra “desinteresado” empieza a sonar como una ironía involuntaria.

El dato más incómodo no es solo la frecuencia de las llamadas, sino su timing. El intercambio ocurre exactamente antes de la publicación del código que permitió comprar el token. Un detalle técnico que, curiosamente, terminó siendo la puerta de entrada a un derrumbe millonario para miles de inversores.

En política, los detalles técnicos suelen ser el lugar donde se esconde la verdad.

La escena se vuelve todavía más curiosa cuando se suman las comunicaciones posteriores. Cuando el valor del token se desplomó y las redes ardían de denuncias, el teléfono siguió activo. Más de veinte intercambios durante la madrugada siguiente entre Novelli, el Presidente y Karina Milei.

Cuando el mercado se hundía, la conversación no se detenía.

A esta altura, la pregunta ya no es si hubo un simple tuit desafortunado. La Justicia empieza a reconstruir algo bastante más parecido a una coordinación.

El diputado Maximiliano Ferraro lo resumió sin demasiadas vueltas: Novelli habría sido el nexo entre la Casa Rosada y la operación que se gestionaba desde un hotel en Dallas. Una geografía curiosa para una “promoción espontánea”.

Pero quizá el dato más revelador es otro: según los registros, el Presidente incluso habría conversado con el trader sobre la entrevista posterior y qué cosas decir —o callar—.

Es una vieja tradición política. Primero el hecho, después el relato.

Lo novedoso es que ahora los fariseos digitales también dejan registro en la nube.

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