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No hay plata… ¿quién pagará la cuenta?

París bien vale una misa. La frase atribuida a Enrique IV pertenece a la historia francesa. La versión argentina, adaptada a los tiempos del equilibrio fiscal, podría ser bastante menos solemne: París bien vale una inversión. Naturalmente, siempre que alguien explique cuánto cuesta conseguirla.

Entre el 30 de septiembre y el 2 de octubre, Javier Milei encabezará una nueva edición de la Argentina Week, esta vez en la capital francesa. La misión reunirá a funcionarios nacionales, gobernadores y empresarios con potenciales inversores internacionales. El programa anunciado incluye actividades económicas y un encuentro con Emmanuel Macron.

El propósito declarado merece ser examinado por sus propios méritos. Argentina necesita inversiones, ampliar sus mercados, desarrollar infraestructura y aprovechar sus recursos productivos. La energía, la minería, la agroindustria y la tecnología ofrecen oportunidades económicas concretas. Ninguna economía moderna puede permitirse el lujo de cerrar sus puertas al capital internacional.

Pero abrir las puertas al mundo no significa cerrar los libros de contabilidad en casa.

El presidente que convirtió la expresión «no hay plata» en una de las consignas más reconocibles de su administración se dispone a encabezar una delegación de considerable envergadura. Ministros, funcionarios, gobernadores y representantes empresariales participarán en una operación diplomática y comercial que aspira a exhibir las oportunidades económicas argentinas ante Europa.

Aquí aparece una cuestión bastante menos fotogénica que la Torre Eiffel: ¿quién paga?

No se trata de cuestionar automáticamente los viajes oficiales ni de insinuar que toda misión internacional constituye un despilfarro. La diplomacia económica tiene costos, y conseguir inversiones puede justificar ampliamente esos gastos. Precisamente por eso, conocerlos permitiría evaluar la relación entre los recursos empleados y los resultados obtenidos.

La información necesaria es relativamente sencilla: presupuesto total de la misión, composición definitiva de la comitiva oficial, gastos de transporte, alojamiento, representación y organización. También corresponde distinguir qué desembolsos afrontará el Estado nacional, cuáles las provincias y cuáles serán responsabilidad de los empresarios participantes.

No es lo mismo que un gobernador viaje financiado por su provincia, que lo haga invitado por una organización empresarial o que sus gastos estén incluidos en una partida nacional. Las tres posibilidades tienen implicaciones diferentes y merecen ser identificadas antes de emitir conclusiones.

Y tampoco es lo mismo anunciar inversiones que conseguirlas.

Una reunión empresarial puede producir una declaración de interés, una carta de intención, un compromiso contractual o un desembolso efectivo. Son etapas diferentes. Presentarlas como si fueran equivalentes puede producir excelentes titulares, pero ofrece poca información sobre su verdadero impacto económico.

La presencia de numerosos gobernadores agrega otra dimensión al encuentro. Cada provincia posee recursos, necesidades y proyectos propios. Para un mandatario provincial, establecer contactos con inversores internacionales puede representar una oportunidad de promover obras, exportaciones y empleo sin depender exclusivamente del presupuesto nacional.

Sin embargo, la coincidencia entre la misión económica y las negociaciones políticas por el Presupuesto 2027 introduce una cuestión adicional. El Gobierno busca exhibir acompañamiento institucional, mientras los gobernadores necesitan defender sus intereses provinciales. Participar de una misión comercial no equivale necesariamente a respaldar todas las iniciativas del Poder Ejecutivo.

Conviene recordar que el dinero público conserva su naturaleza independientemente del lugar donde se gaste. Un euro destinado a una actividad oficial en París exige las mismas explicaciones que un peso utilizado en Buenos Aires, Córdoba o Mendoza.

Existe, además, una circunstancia que merece atención. Mientras el Gobierno presenta internacionalmente las posibilidades de crecimiento de los sectores más dinámicos, Argentina mantiene abierto un debate interno sobre el alcance del ajuste, la distribución de los recursos públicos y las prioridades del Presupuesto 2027.

Ambas realidades pueden coexistir. Promover inversiones en el extranjero no elimina las dificultades económicas domésticas, del mismo modo que esas dificultades no constituyen, por sí solas, un argumento para suspender las relaciones comerciales internacionales.

Lo importante es que la presentación exterior no sustituya la explicación interior.

Si durante las jornadas parisinas se anuncian modificaciones al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), corresponderá conocer su contenido, las condiciones ofrecidas a los inversores y sus posibles consecuencias fiscales. El Gobierno también anticipa definiciones vinculadas con el Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI). Por ahora, se trata de anuncios previstos, cuyos detalles deberán examinarse cuando se formalicen.

En materia de inversiones, las fotografías tienen una utilidad limitada. Un apretón de manos puede abrir una negociación, pero no construye una fábrica. Una declaración conjunta puede mejorar las relaciones diplomáticas, pero no garantiza nuevos puestos de trabajo. Y una promesa empresarial no se convierte en ingreso nacional hasta que comienza a materializarse.

Por eso, sería interesante que la Argentina Week concluyera con algo más que discursos, ceremonias y comunicados de prensa: un balance público que permitiera identificar los acuerdos alcanzados, los compromisos asumidos y los pasos necesarios para convertirlos en proyectos efectivos.

El mismo balance debería incluir los gastos públicos de la misión, convenientemente desglosados por jurisdicción y concepto.

La transparencia no consiste en exigir que un presidente viaje en clase económica, que un gobernador se aloje en una pensión o que un ministro lleve los sándwiches preparados desde Buenos Aires. Consiste en explicar los gastos y demostrar que responden a una finalidad pública.

Tampoco sería razonable atribuir anticipadamente al Estado todos los costos de una delegación que incluye empresarios y autoridades provinciales. Sin una rendición documentada, cualquier cifra global correría el riesgo de mezclar gastos públicos, privados y compromisos asumidos por diferentes instituciones.

La verdadera prueba llegará después del regreso, cuando corresponda distinguir las expectativas comerciales de los resultados verificables.

Mientras tanto, París ofrecerá sus salones, sus reuniones diplomáticas y sus oportunidades empresariales. Argentina llevará sus recursos naturales, sus proyectos productivos y sus aspiraciones económicas.

Y los contribuyentes argentinos tendrán derecho a formular una pregunta tan elemental como legítima.

Señor Presidente: si no hay plata, ¿cuánto cuesta el viaje, quién paga la cuenta y qué recibirá el país a cambio?

Porque una cosa es viajar para conseguir inversiones. Otra, muy distinta, es regresar solamente con recuerdos.

Y las fotografías, por espléndidas que sean, todavía no se aceptan para pagar las facturas.

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Fuentes consultadas: MDZ, información proporcionada para esta editorial; Infobae, TN y Agencia Noticias Argentinas, informaciones publicadas entre el 19 y el 26 de septiembre de 2026.

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