
Hay días en que la economía argentina necesita economistas.
Y hay otros en que alcanza con un calendario.
Este 16 de septiembre llegaron dos noticias que, por separado, parecen perfectamente respetables. Juntas, en cambio, tienen esa gracia involuntaria que suele producir la Argentina cuando pone el presente en una columna y el futuro en la siguiente.
Primera noticia: los precios mayoristas aumentaron 2,1% en agosto.
Segunda noticia: el Presupuesto 2027 proyecta una inflación anual del 18%.
Nada necesariamente incompatible. Nada matemáticamente imposible. Nada que autorice todavía a llamar fantasía a la previsión oficial.
Pero tampoco nada que aconseje descorchar el champagne.
Porque ese 18% anual supone una inflación mensual promedio cercana al 1,4%. Y el último dato conocido de precios mayoristas acaba de marcar 2,1%, después del 0,8% de julio.
Es decir: mientras el Presupuesto mira hacia adelante con binoculares, el mayorista acaba de mirar hacia atrás por el espejo retrovisor y descubrir que la curva volvió a subir.
El dato tiene además algunas piedritas dentro del zapato.
Los productos nacionales aumentaron 2,1%; los importados, 2,9%. Entre los componentes que más empujaron aparecen petróleo crudo y gas, productos agropecuarios, alimentos y bebidas, refinados del petróleo y vehículos.
No son precisamente artículos exóticos destinados a coleccionistas de mariposas.
Son precios que, de una manera u otra, recorren la economía. Algunos terminan trasladándose; otros son absorbidos parcialmente; otros tardan. Por eso sería incorrecto afirmar que un 2,1% mayorista se convertirá automáticamente en 2,1% frente a la caja del supermercado.
Pero tampoco desaparece por decreto.
Y aquí aparece la parte interesante.
Los economistas consultados sobre el Presupuesto no están diciendo que sus números sean delirantes. Diego Piccardo considera razonables las proyecciones de inflación y tipo de cambio, aunque ve mayor optimismo en el crecimiento. Nadin Argañaraz las define como optimistas, pero no irrealistas. Gabriel Caamaño pone mayores reparos en la combinación de crecimiento, desaceleración inflacionaria y estabilidad cambiaria.
Traducido del economés al castellano de almacén:
puede ocurrir, pero habrá que hacerlo.
Y ésa es una diferencia bastante importante.
Un Presupuesto no es una profecía. Es una construcción realizada sobre supuestos: cuánto crecerá la economía, cuánto subirán los precios, qué ocurrirá con el dólar, cuánto recaudará el Estado y cuánto gastará.
El problema empieza cuando confundimos el supuesto con el resultado.
Argentina conoce bien esa enfermedad. Durante décadas imprimió presupuestos donde la inflación prevista envejecía antes que la tinta. Después llegaban ampliaciones, correcciones y explicaciones para demostrar que la realidad había cometido la descortesía de no leer el documento oficial.
El Gobierno de Javier Milei tiene, en este punto, una ventaja y una obligación.
La ventaja es que la inflación actual está enormemente por debajo de los niveles heredados al comienzo de su administración. Negarlo sería hacer periodismo con anteojeras.
La obligación es exactamente la misma: no convertir una mejora real en una victoria anticipada.
Agosto dejó un IPC minorista del 1,7%, mientras los precios mayoristas avanzaron 2,1%. El Presupuesto, entretanto, dibuja para 2027 una inflación anual del 18% y un crecimiento del 4%.
Puede suceder.
Ojalá suceda.
Pero el lector tiene derecho a conservar una vieja costumbre que ningún ministro debería considerar subversiva: esperar los resultados.
Porque entre un número escrito en septiembre de 2026 y otro que deberá comprobarse en diciembre de 2027 hay quince meses, millones de precios, salarios, importaciones, exportaciones, decisiones empresariales, movimientos del dólar y, por si faltara alguna variable, un año electoral.
Por eso la contradicción del día no consiste en decir que el Gobierno miente.
Sería demasiado fácil. Y probablemente injusto.
La contradicción es mucho más elegante:
el presente acaba de acelerar mientras el futuro ya está desacelerando.
Uno viene certificado por el INDEC.
El otro todavía viaja en el Presupuesto.
Querido lector, guarde ambos números.
En diciembre de 2027 volvemos a abrir el sobre.
🖋️ © El Tasador del Relato | 2026
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