
Buenos Aires, 27 de junio de 2026
Hay noticias que despiertan al economista. Otras, al abogado. Pero esta logró despertar a Nonna Pecas, que dejó enfriar la olla del tuco para sentarse frente al televisor con los anteojos en la punta de la nariz y una expresión reservada para las grandes tragedias nacionales… o para cuando el queso rallado aumenta de precio.
—¡Madonna santa! —exclamó apenas escuchó que una conocida figura pidió a la Justicia que no se ejecute una eventual orden de detención en la causa donde se investiga un presunto enriquecimiento ilícito—. ¡Primero aparecen los millones y después aparecen las explicaciones! En mi barrio siempre sucedía exactamente al revés.
La anciana escuchó con atención los argumentos de la defensa: que no existe riesgo de fuga, que siempre estuvo a disposición de la Justicia, que tiene domicilio conocido, una hija pequeña y un embarazo avanzado. Entonces acomodó el delantal y, con la serenidad de quien crió varias generaciones, murmuró:
—Todo eso merece respeto. Pero una cosa son las circunstancias personales y otra muy distinta son las preguntas que la Justicia todavía debe responder.
Cuando la televisión mencionó el famoso video donde aparecen fajos de dólares cuya autenticidad y valor probatorio son discutidos por la defensa, Nonna levantó una ceja como un signo interrogativo.
—M’hijo… si el video no sirve, que lo diga la pericia. Pero tampoco pretendan que las personas dejen de hacerse preguntas solamente porque ahora hay abogados hablando más fuerte que las imágenes.
Después vino la explicación de que el material podría haber sido editado, que no se conoce con certeza la fecha ni el lugar de la grabación y que incluso existiría una hipótesis de extorsión alrededor de esas imágenes. Nonna Pecas asintió despacio.
—Entonces investiguen todo. El video, los que lo filmaron, los que lo guardaron y los que lo difundieron. La verdad nunca le tuvo miedo a una pericia.
Sin embargo, lo que más desconcertó a Nonna no fue el expediente sino cierta costumbre muy argentina de sorprenderse únicamente cuando la Justicia golpea la puerta.
—Cuando aparecen autos, viajes, relojes y vestidos, todos aplauden el éxito. Después, cuando llegan los fiscales, resulta que nadie sabe de dónde salieron. ¡Qué país curioso! Aquí los dólares parecen ser hijos del Espíritu Santo.
Antes de volver a la cocina, lanzó una última reflexión mientras apagaba el televisor.
—No me interesa ver a nadie preso antes de tiempo. Para eso están los jueces. Pero tampoco me pidan que crea que la fortuna cae del cielo igual que la lluvia. Los tomates crecen con agua. El dinero, generalmente, también tiene raíces.
Y mientras revolvía nuevamente la salsa, Nonna Pecas sonrió con esa ironía que solo poseen las mujeres que atravesaron décadas viendo cambiar gobiernos, modas y fortunas.
—Al final, la riqueza es como el perfume barato. Por más que uno cierre el frasco… siempre termina dejando olor.
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