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El sillón que nunca deja de moverse

En la Casa Rosada hay días en que las paredes parecen tener mejor información que los comunicados oficiales. Basta que un funcionario atraviese una investigación judicial para que los pasillos comiencen a fabricar hipótesis con la misma velocidad con que otros preparan listas de reemplazantes.

Eso ocurre por estas horas con Manuel Adorni. Mientras la Justicia avanza sobre una investigación por presunto enriquecimiento ilícito y el Congreso mantiene abierto otro frente político, las versiones acerca de su continuidad comenzaron a multiplicarse con una intensidad que difícilmente pueda atribuirse al azar.

El propio presidente Javier Milei había fijado semanas atrás una posición tan contundente como sencilla: expresó su confianza en el funcionario, aunque aclaró que, si la Justicia demostrara su culpabilidad, sería apartado inmediatamente del Gobierno. Entre esa confianza política y una eventual sentencia judicial se abre, naturalmente, un amplio territorio ocupado por las especulaciones.

Y cuando la incertidumbre se instala, la política hace lo que mejor sabe hacer: llenar los silencios. En Balcarce 50 comenzaron a circular nombres, alternativas y combinaciones ministeriales como si el organigrama pudiera modificarse antes de que alguien firmara un solo decreto.

Los candidatos mencionados cambian según la oficina desde donde nazca el comentario. Un despacho propone un canciller; otro imagina un ministro; un tercero apuesta por una figura técnica. En estos casos, la imaginación suele trabajar con bastante menos descanso que la administración pública.

También reapareció una versión conocida: que Adorni habría puesto su renuncia sobre la mesa en más de una oportunidad. Nadie la confirma oficialmente. Nadie la desmiente con demasiado entusiasmo. En política, incluso los desmentidos suelen venir acompañados de una puerta entreabierta.

La decisión, en cualquier caso, continúa dependiendo del Presidente, que regresa de España y podría reunirse con el jefe de Gabinete en la residencia de Olivos. Allí probablemente se definan más certezas que en una semana completa de trascendidos.

Mientras tanto, la investigación judicial seguirá su propio recorrido, bastante menos acelerado que el circuito de rumores. La Justicia acostumbra caminar con expedientes; la política, en cambio, suele correr detrás de los comentarios de pasillo.

Quizá esa sea una de las curiosidades permanentes del poder. Los gobiernos suelen cambiar ministros cuando consideran que llegó el momento. Los rumores, en cambio, los cambian varias veces antes del desayuno. Y, como ocurre con las tormentas anunciadas, algunas descargan sobre la ciudad… mientras otras terminan disipándose antes de que caiga la primera gota.

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