
En la Argentina de los discursos grandilocuentes y los gráficos de ocasión, el Gobierno libertario consiguió una hazaña inédita: hacer desaparecer Tucumán del mapa nacional. No metafóricamente. Literalmente. La provincia donde se declaró la Independencia argentina fue borrada sin escalas por una ilustración viralizada desde las más altas oficinas del poder.
Y no se trató de un meme anónimo perdido en los sótanos de internet. El presidente Javier Milei compartió y celebró una pieza gráfica que pretendía demostrar el supuesto éxito económico del país bajo gestión libertaria, con la provincia de Buenos Aires marcada en rojo como única “rezagada” del crecimiento nacional. El detalle incómodo fue que el mapa parecía confeccionado por un alumno distraído un domingo a las tres de la mañana.
La cartografía apócrifa no sólo eliminó Tucumán del territorio argentino. También omitió las Islas Malvinas, deformó límites provinciales y mutiló a Santa Fe, cuya clásica forma de bota apareció convertida en un dibujo improvisado. Más que un informe económico, parecía una radiografía del apuro político convertido en propaganda digital.
El episodio terminó exponiendo algo bastante más delicado que un error gráfico: la creciente obsesión oficial por la velocidad propagandística aun cuando la realidad queda atropellada debajo de las ruedas. Porque mientras el Gobierno exige precisión a periodistas, opositores y universidades, en sus propias filas circulan mapas de la República confeccionados con el rigor geográfico de un mantel de pizzería.
La ironía adquirió dimensiones históricas cuando muchos recordaron que Tucumán no es precisamente un barrio perdido entre rutas secundarias. Allí se firmó en 1816 la emancipación definitiva del Virreinato español. Borrar Tucumán del mapa argentino equivale, más o menos, a redactar la historia de Francia olvidando París o explicar Italia sin mencionar Roma.
Para empeorar el cuadro, la pieza atribuía falsamente la información al IAE Business School, institución que salió rápidamente a despegarse del dibujo viralizado. En un comunicado público, el centro académico aclaró que el gráfico “no fue elaborado por el IAE ni forma parte de ninguno de sus informes”. Traducido del elegante lenguaje institucional al castellano de barrio: “Ese enchastre no es nuestro”.
Aun así, varios funcionarios libertarios continuaron compartiendo el material con entusiasmo militante. Entre ellos apareció el asesor económico Felipe Núñez, quien aprovechó el mapa amputado para reivindicar el RIGI y atacar al gobernador Axel Kicillof. También se sumaron el ex banquero Gabriel Martino y el embajador Fernando Iglesias, demostrando que en ciertos sectores oficiales la geografía parece haber sido declarada enemigo público.
El episodio dejó además una escena casi tragicómica dentro del propio oficialismo. El subsecretario de Políticas Universitarias, Alejandro Álvarez, debió salir a recordar públicamente algo que hasta un estudiante de primaria podría advertir: “¡Falta Tucumán!”. La frase quedará probablemente archivada entre las más surrealistas de la política reciente argentina.
Mientras tanto, la Casa Rosada volvió a confirmar que en tiempos de inteligencia artificial, algoritmos veloces y propaganda instantánea, también puede evaporarse el sentido común. Porque una cosa es discutir modelos económicos. Otra muy distinta es extraviar provincias enteras mientras se intenta explicar el futuro de la Nación.
Y así, entre mapas fantasma, provincias evaporadas y Malvinas ausentes, el Gobierno terminó ofreciendo una curiosa lección patriótica involuntaria: cuando la propaganda corre demasiado rápido, hasta la cuna misma de la emancipación puede desaparecer del cuadro.
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