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Tira Manga Tour’s

Buenos Aires, 22 de junio.— Javier Milei se prepara para sumar una nueva estampilla a su pasaporte. Será su sexto viaje a España desde que asumió la Presidencia y, entre reuniones con empresarios, clases magistrales y condecoraciones académicas, permanecerá en Madrid del 24 al 27 de junio. La misión oficial promete inversiones, negocios y fotografías; las urgencias domésticas, mientras tanto, seguirán atendidas por control remoto.

La excursión ibérica fue organizada por el embajador Wenceslao Bunge y contempla encuentros con representantes del Santander, BBVA, Telefónica, Mapfre, Iberia, Indra y otros nombres de peso. En otras palabras, una agenda diseñada para seducir capitales y convencer al dinero europeo de que Argentina sigue siendo una tierra de oportunidades y no solamente una novela por entregas.

Como ocurre desde hace tiempo, la gira tendrá una curiosa particularidad: el Presidente argentino visitará España, pero España oficial parecerá estar de vacaciones. Ni Pedro Sánchez ni el rey Felipe VI figuran en la agenda. Una situación que ya se ha vuelto casi una tradición diplomática, algo así como ir a una boda sin saludar a los novios.

El viernes, además, Milei dictará una clase de economía en la Universidad CEU San Pablo, donde será distinguido con una medalla y un reconocimiento honorífico. Entre conferencias y homenajes, la gira tendrá también su capítulo académico. Después de todo, no todos los presidentes consiguen combinar la función pública con una carrera de conferencista internacional.

Finalizada la escala madrileña, el mandatario seguirá viaje hacia Paraguay para participar en la cumbre del Mercosur y, más tarde, cruzará nuevamente el Atlántico para celebrar el 4 de julio en los Estados Unidos. El calendario presidencial parece el de una agencia de turismo premium: Asunción, Washington, Madrid y regreso. Sólo faltan los puntos acumulables y las valijas con ruedas patrocinadas.

Mientras tanto, en tierra firme, Carlos Melconian observa otra geografía. Según el economista, al veinte por ciento de la economía le va razonablemente bien, un treinta por ciento flota sin entusiasmo y la otra mitad del país permanece hundida. Un diagnóstico poco compatible con las sonrisas oficiales y los gráficos de colores que suelen desfilar por las redes sociales gubernamentales.

Melconian, que no puede ser acusado precisamente de simpatías kirchneristas, describió un panorama donde la mejora todavía no consigue transformarse en progreso masivo. El crédito tropieza, el poder adquisitivo continúa fatigado y la promesa de bienestar parece moverse con la puntualidad de un tren anunciado pero siempre demorado.

Con cierta melancolía, el ex titular del Banco Nación reconoció que Milei pateó el hormiguero, pero recordó que revolver un hormiguero no equivale necesariamente a construir una casa. El mérito de haber interrumpido un ciclo puede terminar siendo reconocido por la historia, aunque el ciudadano común suele tener una costumbre desagradable: además de las teorías, también pretende llegar a fin de mes.

Así, mientras el Presidente acumula medallas, kilómetros y fotografías internacionales, una parte considerable de los argentinos continúa esperando una distinción mucho más modesta. No una placa, ni un diploma, ni una clase magistral. Apenas el viejo y revolucionario privilegio de vivir un poco mejor.

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