
Mientras la televisión discute sobre dólares, facturas y countries, Nonna Pecas levanta la mano desde el comedor y lanza una pregunta peligrosa: “¿Y ahora resulta que yo también soy una multimillonaria?”
La noticia de la casa remodelada y los dólares en efectivo llegó hasta la mesa de Nonna Pecas. Pero lejos de indignarse, la anciana dejó los ravioles a medio hacer y anunció una revolución inesperada.
—¡Entonces yo también voy a arreglar la cocina en blanco y negro! —proclamó—. Porque si tener un canuto escondido te convierte en sospechoso, medio país va a tener que pedir turno en Comodoro Py.
Nonna no habla de millones ni de countries. Habla de los billetes doblados dentro de una lata de galletitas, del dinero guardado para las emergencias, del miedo al banco y de los recuerdos de tantas crisis que le enseñaron que confiar demasiado en el Estado era un deporte extremo.
—Primero se llevaron los ahorros, después la inflación, después los impuestos. ¿Y ahora vienen a preguntarme por los dos mangos que escondí para cambiar el calefón? —gruñó mientras revolvía la salsa.
A Nonna Pecas no le interesa defender funcionarios ni opositores. Su argumento es más simple y más incómodo: “Si empezamos a contar los colchones, vamos a necesitar estadios de fútbol para guardar las declaraciones juradas”.
Por eso se fastidia cuando la televisión convierte cada escándalo en una serie de Netflix y se olvida de la vida real. Porque mientras los estudios discuten fortunas, ella sigue peleando con la cuenta del gas y el precio del queso rallado.
—¡Basta con Adorni! ¡Hablen de otra cosa! —sentenció golpeando la mesa—. Que yo todavía tengo que cambiar las ventanas y nadie me vino a preguntar cuánto cuesta el albañil.
Y dicho esto, Nonna Pecas volvió a servir los ñoquis, convencida de que en Argentina hay una diferencia enorme entre un imperio y una alcancía, aunque a veces la política se empeñe en confundirlos.
Porque, según ella, una cosa es esconder dinero por miedo y otra muy distinta es que las cuentas no cierren ni con calculadora nueva.
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