Press "Enter" to skip to content

El evangelio fiscal según San Fondo

Mientras Javier Milei expone ante empresarios las virtudes de su ajuste infinito, el FMI le acerca una nueva homilía económica: más Ganancias para trabajadores, más presión sobre monotributistas y otra vuelta de tuerca sobre los bolsillos que todavía respiran.

En Buenos Aires ya casi no hace falta vocero. Cada vez que el Fondo Monetario Internacional libera un desembolso, detrás del cheque aparece una receta. Y detrás de la receta, una factura. Esta vez, el organismo decidió que la Argentina necesita “ordenar” su sistema tributario. Traducido al castellano rioplatense: ampliar Ganancias, ajustar el monotributo y seguir afeitando ingresos mientras se predica libertad económica desde los atriles empresariales.

La escena tiene algo de liturgia moderna. Javier Milei habla ante ejecutivos del Latam Economic Forum sobre equilibrio fiscal, heroísmo libertario y anclas monetarias, mientras en paralelo el FMI redacta el verdadero catecismo económico que deberá cumplir la administración argentina si quiere seguir respirando dólares prestados. La motosierra ya no parece herramienta de campaña: empieza a parecer requisito administrativo.

El informe del Fondo no se limita a sugerencias elegantes. Pide explícitamente que más trabajadores paguen Impuesto a las Ganancias. Hoy alcanza aproximadamente al uno por ciento. La intención del organismo es llevarlo al veinte por ciento. Un salto tan brutal que hasta el diccionario tributario debería pedir licencia psiquiátrica antes de explicarlo en voz alta.

La paradoja argentina vuelve a desfilar sin pudor. Un gobierno que llegó prometiendo alivio impositivo ahora podría terminar ampliando la red de contribuyentes para satisfacer a los acreedores internacionales. El “Estado ladrón” denunciado en campaña parece haberse transformado en un cobrador más sofisticado, con Excel importado y supervisión técnica desde Washington.

El monotributista, esa criatura nacional que vive entre la supervivencia y la calculadora, también aparece en la mira. El Fondo considera necesario incrementar aportes y reforzar la recaudación. Dicho de otra forma: el pequeño autónomo deberá seguir financiando un equilibrio macroeconómico que rara vez lo incluye cuando llegan los beneficios, pero jamás lo olvida cuando toca recaudar.

Mientras tanto, el discurso oficial insiste en que la economía está despertando, que los mercados confían y que el sacrificio dará frutos. Pero en la calle, la sensación empieza a parecerse más a una cinta transportadora de obligaciones que a una revolución de prosperidad. El ajuste se volvió permanente; lo único variable parece ser quién recibe la próxima factura.

El documento del FMI también propone eliminar impuestos “distorsivos” sobre empresas y transacciones financieras. Curiosa gimnasia fiscal: aliviar ciertos sectores mientras se ensancha la base contributiva de asalariados y autónomos. Como si el equilibrio consistiera en quitarle peso al piano trasladándolo directamente sobre la espalda del mozo.

En la narrativa libertaria, el Fondo era apenas un socio técnico que acompañaba la reconstrucción económica. Sin embargo, cada nuevo desembolso deja la impresión de que la soberanía fiscal argentina viaja en cuotas. Primero llega el dinero; después, el instructivo. Y el instructivo nunca trae descuentos para el ciudadano común.

Quizás allí resida la verdadera ironía del mileísmo tardío. El gobierno que prometía dinamitar privilegios termina negociando cómo ampliar la cantidad de argentinos alcanzados por impuestos que durante años fueron denunciados como confiscatorios. El ajuste cambia de nombre, cambia de PowerPoint y cambia de escenario, pero siempre encuentra el mismo destino final: el bolsillo del contribuyente.

🖋️ © 2026 El Analista del Fondo y de la Caja – All rights reserved


© 2025 SalaStampa.eu, world press service – All Rights Reserved – Guzzo Photos & Graphic Publications – Registro Editori e Stampatori n. 1441 Turin, Italy

* 13 *