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Milagro argentino visto por un IT

El presidente Javier Milei volvió a vender optimismo de exportación premium delante de empresarios, funcionarios y admiradores del ajuste permanente. Esta vez lo hizo en el MALBA, durante un evento sobre “inserción laboral”, una elección temática que rozó el humor involuntario considerando que el desempleo no deja de crecer desde que asumió el Gobierno.

Rodeado nuevamente por Manuel Adorni —convertido ya en una especie de copiloto permanente del relato oficial— el mandatario aseguró que la Argentina está “a las puertas de un milagro”. La escena parecía diseñada para un seminario de coaching financiero: empresarios aplaudiendo, funcionarios sonriendo y un país real tratando de entender por qué cada mes cuesta más llegar a fin de mes.

El momento más cinematográfico llegó cuando Milei apeló a su ya clásico universo paralelo y explicó que, si un marciano aterrizara en la Argentina y mirara los datos económicos, concluiría que el país se encamina a convertirse en una potencia mundial. Claro que el problema aparece cuando ese mismo extraterrestre sale del Excel, camina por la calle y descubre comercios vacíos, fábricas frenadas y trabajadores buscando empleo.

La metáfora extraterrestre terminó funcionando más como sincericidio que como argumento económico. Porque quizá el Presidente tenga razón: tal vez haga falta venir de otro planeta para entender cómo puede presentarse como éxito un modelo que combina caída del consumo, retracción industrial y aumento sostenido de la desocupación.

Como ya es costumbre, Milei aprovechó para atacar a la prensa y atribuyó las críticas al síndrome de “abstinencia de pauta”. En otras palabras: si los medios no celebran el ajuste, es porque extrañan la publicidad oficial. Una explicación cómoda, sencilla y eficaz para evitar preguntas incómodas sobre salarios, tarifas o empleo.

Mientras tanto, las cifras concretas empiezan a perforar el blindaje discursivo. Desde la llegada de La Libertad Avanza al poder, la tasa de desempleo subió del 5,7 al 7,5 por ciento. Traducido al idioma que entiende la gente común: más de un millón de personas quedaron afuera del sistema laboral mientras el Gobierno sigue hablando de “potencial productivo”.

El Presidente también reivindicó su nueva lógica social con la vieja parábola del pescado y la caña de pescar. Según explicó, el Estado dejó de “regalar pescado” para enseñar a pescar. El detalle omitido es que, en muchos casos, también desaparecieron el río, la caña y hasta el bote. Pero la frase sonó bien en el salón climatizado del MALBA y eso, en tiempos de marketing político, suele alcanzar.

En materia económica, Milei volvió a defender la continuidad del ajuste y prometió “seguir apretando la política monetaria”. Traducido del dialecto tecnocrático: menos circulación de dinero, más enfriamiento económico y un Estado obligado a achicarse todavía más. La inflación puede bajar, sí, pero el paciente empieza a preguntarse cuánto cuerpo queda sano después del tratamiento.

También anunció que el Gobierno avanza hacia un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos, presentado como la gran puerta de entrada al futuro. El problema es que la Argentina llega a esa negociación con una industria debilitada, consumo deprimido y un mercado interno exhausto. Abrir las ventanas está muy bien; otra cosa es hacerlo en medio de una tormenta.

El acto terminó entre aplausos del círculo empresarial y nuevas promesas de prosperidad futura. Afuera del museo, sin embargo, la Argentina seguía siendo bastante menos marciana y mucho más terrenal: trabajadores preocupados, comercios haciendo cuentas imposibles y ciudadanos intentando descubrir en qué momento el “milagro” dejará de ser una presentación en PowerPoint para convertirse en algo visible en la vida cotidiana.

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