
La Casa Rosada convoca a su mesa política como quien llama a reunión de consorcio antes de cambiar la caldera: todos saben que alguien va a terminar salpicado. El oficialismo llega al debate de la reforma laboral con sonrisa de puesta en escena y olor a pólvora.
Karina Milei dirige la función: ordena el elenco, reparte parlamentos y pide silencio a los propios. El mensaje no es tanto lo que se dice como quiénes salen en la foto: disciplina interna primero, votos después.
El Gobierno presenta la reforma como “segunda etapa del mandato”, traducción libre: ahora empieza la parte que incomoda. La épica del futuro se declama; el conflicto del presente se administra.
En el Senado, la aritmética es frágil. Si faltan manos, se promete recortar capítulos y enviarlos a otra ley: cirugía por tramos para que el paciente grite menos, aunque la herida siga abierta.
El capítulo fiscal cae pesado en las provincias. Los gobernadores miran 2027 con cara de cuentas en rojo: la rebaja de Ganancias para empresas suena a alivio para la Casa Rosada y a recorte seco para las arcas locales.
El Fondo de Asistencia Laboral entra al ring de comodín. Para algunos es red de contención; para otros, palanca para financiar despidos. Las pymes piden oxígeno; la UCR pide que el fondo sirva para pagar la cuenta del ajuste.
Las indemnizaciones se miden con regla: topes, cuotas y actualizaciones que esquivan la vara judicial. La promesa de previsibilidad cae mejor del lado empresario; del otro, se lee como recorte con calendario.
Las cajas sindicales quedan bajo el rótulo de “voluntariedad”. La palabra suena amable hasta que se traduce en afiliados menos y recursos en fuga. Los gremios leen la letra chica y preparan la garganta para la calle.
Bancos y billeteras virtuales se disputan la ventanilla del salario. Modernización contra intereses instalados: pelea por el flujo de sueldos ajenos, con comisiones como botín.
La reunión de Labor Parlamentaria promete fricción. El oficialismo quiere ordenar la sesión; el peronismo, desordenar el guion. El recinto vuelve a ser ring, con árbitros mirando la tribuna.
Moraleja provisoría: el Gobierno arma mesa, arma escena y arma discurso. Lo único que todavía no arma es una mayoría estable. En la Argentina, la única reforma que no se vota es el conflicto: ese siempre tiene quórum.
✍️ © El Traductor del Poder | 2026
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