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La realidad alterada de Milei: entre cifras y cocina diaria

Argentina
En la mesa de la cocina, con el mate ya lavado pero la radio encendida, Nonna Pecas escucha y suspira. Dice que en la Aldea las palabras vuelan más rápido que las monedas… y duran menos.

Anoche, cuenta, el Presidente habló como si describiera otro país. Uno donde el consumo está en fiesta, los salarios levantan vuelo y el trabajo florece como primavera adelantada. La Nonna, que no necesita gráficos para medir la realidad, mira la heladera y hace silencio.

“Será otro barrio”, murmura. Porque en el suyo, el del pan contado y la libreta mental, el consumo no cambia de forma: simplemente desaparece o se reemplaza. No es sofisticación, es supervivencia con modales.

El discurso oficial insiste en que la economía crece. Y puede ser. Pero la Nonna aclara, con esa sabiduría de esquina, que no todo crecimiento se siente igual: hay números que suben mientras la vida baja. Y esa ecuación, dice, no necesita economistas para doler.

Sobre el empleo, escucha que no se destruye, que se transforma. Y ahí sonríe con ironía: “Transformarse… lindo verbo”, dice. En la Aldea, transformarse suele significar pasar de tener trabajo a tener rebusque. De sueldo a ingreso incierto. De estabilidad a paciencia.

También oyó que los salarios que caen son los del sector público. Y levanta una ceja. Porque en su cuadra nadie discute teorías: se habla de lo que alcanza y de lo que no. Y últimamente, alcanza cada vez menos.

Cuando el Presidente habla de consumo en “pico histórico”, la Nonna se detiene. Mira la bolsa del mercado, más liviana que antes, y entiende que quizá el pico exista… pero no en la mesa. Tal vez en algún gráfico que no pasa por el almacén.

La inflación, dice él, va a caer. “Tarde o temprano”, promete. La Nonna asiente, pero no por convicción sino por costumbre. Ha visto muchas promesas llegar temprano… y cumplir tarde, cuando ya no importan.

Le llama la atención otra cosa: el tono. Mucha pelea, muchos enemigos, demasiadas batallas. La Nonna recuerda cuando discutir era un medio, no un destino. Hoy, dice, parece que gobernar es pelear… y explicar es acusar.

Cuando escucha que “lo peor ya pasó”, se queda pensativa. Porque en la Aldea esa frase siempre llega antes de tiempo. Es como un calendario adelantado que nadie logra alcanzar.

Y sin embargo, no pierde el humor. Revuelve el café, sonríe y deja caer la sentencia final, suave pero filosa: “Si lo mejor está viniendo, que no se demore… porque acá ya lo estamos esperando hace rato”.

Nonna Pecas desde Buenos Aires, para El Canillita.info. Porque hay que contar lo que se oye… aunque dé un poco de pudor | 2026


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