Caputo promete un 2026 de fuegos artificiales, mientras en Londres Reeves afila el lápiz fiscal. Dos economías, dos narrativas y una coincidencia involuntaria: ambos cruzan los dedos para que el público no lea la letra chica.
Caputo promete un 2026 de fuegos artificiales, mientras en Londres Reeves afila el lápiz fiscal. Dos economías, dos narrativas y una coincidencia involuntaria: ambos cruzan los dedos para que el público no lea la letra chica.
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