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🗞️ 🥇🏛️ Ghemachim Electoral

Argentina

El Gobierno argentino descubrió que no hay mejor lubricante para la diplomacia que un buen timing electoral. Y así, casi sin querer queriendo, Pablo Quirno y Gideon Sa’ar inaugurarán este martes el Foro Económico Argentino-Israelí, una cita que promete más fotos de sillas impecables que anuncios concretos. Pero en la era Milei, la puesta en escena es política exterior.

El canciller argentino presentará su mejor sonrisa institucional mientras Gideon Sa’ar —hombre de línea directa con Netanyahu— despliega su GPS diplomático para reforzar el puente con Buenos Aires. Si el objetivo oficial es “cooperación e inversión”, el subtexto es más sencillo: consolidar una alianza que Milei abraza con fervor cuasi místico.

La agenda del foro incluye rondas de negocios, powerpoints con flechas ascendentes y un menú de sectores “clave”: tecnología, energía, finanzas… el mismo paquete de siempre, aunque esta vez con sello hebreo y promesa de velocidad digital. En la Casa Rosada ya lo venden como una alfombra roja para capitales extranjeros. Nadie menciona que el lobby empresario local mira la escena con cejas arqueadas.

Mientras las cámaras enfocan a Quirno y Sa’ar, la Unión Industrial Argentina y su contraparte israelí se preparan para una jornada de “trabajo en común”. Traducción: hay interés genuino, pero también una pizca inevitable de política. En el Palacio Libertad esperan resultados. En el mundo real, la agenda empresarial se mueve a otro ritmo.

El foro cerrará con un espacio de preguntas para Yael Ravia Tzadok, la funcionaria israelí encargada de ponerle voz a las expectativas económicas. Allí, lo que no dirán en voz alta será lo más relevante: hasta dónde está dispuesto a llegar Israel en inversiones, y qué garantías ofrece Argentina más allá del entusiasmo presidencial.

Porque mientras Quirno conversa con Sa’ar, Javier Milei prepara su propia escena. Recibirá mañana al canciller israelí en la Casa Rosada, gesto que busca consolidar un relato: el Gobierno tiene aliados firmes, la diplomacia fluye y la sintonía con Israel es casi religiosa. Que justo ocurra en plena turbulencia interna es, por supuesto, una casualidad perfecta.

La última visita de Milei a Israel, en junio, incluyó reuniones políticas, económicas y un capítulo espiritual que él todavía reivindica como “transformador”. Ahora, con la economía ajustándose como un torniquete y el frente político resbalando, ese recuerdo místico sirve de ancla narrativa para un Gobierno que necesita buenas noticias —o al menos buenas fotos.

En resumen: el Foro Económico Argentino-Israelí abre sus puertas con promesas, networking y una pizca de incienso geopolítico. La pregunta es si esta diplomacia de alto voltaje logra traer inversiones… o si solo suma contenido para la campaña permanente en la que vive la administración Milei.

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