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El boom de los 12 Apóstoles

El ministro de Economía, Luis Caputo, anuncia un boom. No uno cualquiera, sino de esos que —según sus propias palabras— “no se imagina nadie”. Y en eso, curiosamente, tiene razón: nadie parece verlo… al menos en las pantallas donde cotizan los bonos.

Porque mientras el relato despega, los pagarés del Estado aterrizan. Los bonos en dólares volvieron a caer este jueves, arrastrados por un contexto global adverso y por una desconfianza local que ya no necesita traducción.

El termómetro es viejo, pero no falla: el riesgo país. Otra vez por encima de los 600 puntos. Esta vez, 614 según J.P. Morgan. Un número que no grita, pero tampoco susurra. Simplemente persiste.

Y sin embargo, en el escenario, la escena es otra. En el simposio del IAEF, el ministro dibuja un futuro inmediato de inversiones en cascada, entusiasmo internacional y validación política.

Los “12 Apóstoles” —gobernadores en peregrinación a Nueva York— vuelven con elogios bajo el brazo. La metáfora no es casual: fe, promesa y una narrativa que busca convertirse en dogma.

Pero el mercado, ese viejo hereje, no suele comulgar sin garantías. Y por ahora, las únicas certezas que ofrece son tasas altas, precios castigados y una cautela que no se disfraza de entusiasmo.

Se insiste en que “este es un Gobierno que no toma deuda”. Afirmación audaz en un país donde refinanciar ya es, en sí mismo, una forma elegante de seguir debiendo.

Mientras tanto, el financiamiento “asegurado” para los próximos vencimientos suena más a puente que a destino. Un puente necesario, sí, pero puente al fin.

El vínculo con el Fondo Monetario Internacional es calificado como “espectacular”. Sin embargo, el desembolso de US$1.000 millones sigue en pausa. Avanza, dicen. Pero no llega.

En paralelo, el discurso se endurece: alineamientos geopolíticos, críticas al comunismo, definiciones tajantes. Todo eso puede ordenar una narrativa… pero no necesariamente un balance.

El contraste es inevitable. De un lado, la épica del boom inminente. Del otro, la aritmética de los mercados. Y entre ambos, una brecha que no se cierra con entusiasmo.

Porque si algo enseña la historia económica argentina, es que los milagros anunciados suelen cotizar con descuento. Y los apóstoles, por más que viajen, no siempre logran convencer a los inversores.

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