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Dieta argentina: la única que engorda en el Senado

Mientras la Argentina discute cómo estirar el sueldo hasta fin de mes, el Senado encontró otra solución: estirar la dieta. Desde marzo, los señores legisladores pasarán a cobrar más de 11 millones de pesos brutos. No es magia ni productividad repentina. Es simplemente el noble arte de acoplarse a una paritaria que ellos mismos miran desde el balcón.

El mecanismo es elegante: cada vez que los trabajadores del Congreso logran un aumento, los senadores reciben el eco amplificado. Un sistema automático, solidario y muy eficiente… siempre que uno esté sentado en una banca.

Así, lo que hasta noviembre era una dieta de 10,2 millones saltará en marzo a 11 millones y en mayo a 11,5. Un aumento progresivo, prolijo y perfectamente sincronizado con la inflación… pero sólo del lado de adentro del palacio.

La fórmula tiene su historia. En abril de 2024, los senadores decidieron volver a enganchar sus ingresos a la paritaria legislativa. La votación fue a mano alzada, un gesto democrático que tiene la ventaja de que la mano sube rápido cuando el tema es el propio bolsillo.

Algunos dijeron que no estaban de acuerdo. Pero ya se sabe: en política, la disidencia suele ser muy vocal… hasta que llega el recibo de sueldo.

Mientras tanto, los diputados miran desde otra vereda presupuestaria. Sus ingresos rondan los seis millones de pesos, porque en su caso los aumentos dependen de decisiones administrativas y no del automático salarial. Es decir, el Senado descubrió el piloto automático; Diputados todavía usa la palanca manual.

El sistema de módulos completa la arquitectura: 2.500 por dieta, 1.000 por representación y 500 por desarraigo. Una matemática institucional que convierte la política en una ecuación bastante rentable.

Claro que hay excepciones. Los senadores de la Ciudad de Buenos Aires no cobran desarraigo —difícil alegar nostalgia cuando se vive en el mismo distrito— y Alicia Kirchner renunció a la dieta para quedarse con su jubilación como exgobernadora. Un raro gesto de austeridad en un ecosistema donde la palabra suele cotizar poco.

Todo esto ocurre mientras los gremios legislativos celebran un aumento acumulado del 12,5% entre diciembre y mayo. Para los trabajadores, dicen, es apenas un alivio. Para los senadores, en cambio, parece haber sido una inspiración.

Porque en la Argentina siempre hay dos inflaciones: la que sufren los ciudadanos… y la que impulsa los salarios del poder. Y esa, curiosamente, nunca pierde contra los precios.

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