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El Vocero del Sentido Común Perdido

En la Argentina contemporánea, donde los secretos duran lo que tarda alguien en abrir una aplicación de mensajería, el jefe de Gabinete decidió tranquilizar a la ciudadanía con una revelación casi cinematográfica: el discurso presidencial está “bajo custodia”.

No custodiado por metáforas ni por prudencia política. Custodiado, según se entiende, como si se tratara de una reliquia nacional, un diamante diplomático o el último paquete de facturas en una reunión de gabinete.

La escena es fácil de imaginar. En algún lugar de la Casa Rosada, un texto descansa vigilado como si guardara los códigos nucleares del hemisferio sur. Un discurso que, si uno se guía por la historia reciente, probablemente contenga lo mismo que todos los discursos: promesas, advertencias y alguna estadística que mañana será discutida en televisión.

Pero el anuncio no fue menor. El funcionario aclaró que el documento “no ha sido filtrado ni se ha divulgado con nadie”. Declaración que, en el ecosistema político argentino, equivale a decir que el agua del río todavía no ha decidido mojar.

El detalle más fascinante no es el contenido del discurso —que todavía no conocemos— sino la solemnidad con la que se custodia algo que, en pocas horas, será transmitido por televisión, replicado por redes sociales y diseccionado por panelistas con la intensidad de un equipo forense.

En un país donde se filtran presupuestos, chats, audios, borradores, internas y hasta listas de invitados a cumpleaños políticos, el hecho de custodiar un discurso como si fuera un secreto de Estado tiene un aroma curioso: el del misterio aplicado a lo inevitable.

Tal vez la custodia sea preventiva. No para evitar filtraciones, sino para proteger al texto del destino habitual de cualquier discurso argentino: convertirse en meme antes de que termine el aplauso.

Mientras tanto, el país sigue su rutina: analistas especulan, opositores anticipan críticas y los ciudadanos observan con la paciencia de quien ya sabe el final de la película aunque todavía no haya empezado la función.

Porque en la Argentina, lo único que nunca necesita custodia es la imaginación política. Esa siempre encuentra la manera de filtrarse sola.

✍️ ©  Tribuno del disparate desde la caja de jabón | 2026


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