
Argentina
Cumple un año el Caso $Libra y el Gobierno todavía finge que fue una travesura digital. Un malentendido entre privados, dicen. Como si 44.000 personas hubieran caído solas en una estafa global por obra del Espíritu Santo del blockchain.
El 14 de febrero de 2025, mientras algunos celebraban el amor, otros compraban fe en forma de token. Bastó un tuit presidencial para que una memecoin desconocida pasara de la nada al furor financiero. No hubo decreto, ni cadena nacional: alcanzó con el pulgar libertario apretando “publicar”.
El Presidente, siempre dispuesto a dinamitar lo viejo, descubrió que también podía dinamitar billeteras ajenas. El mercado “libre” funcionó perfecto: los que sabían, cobraron; los que confiaron, perdieron. Capitalismo de manual, con final previsible.
Horas después llegó el rug pull. En criollo: levantaron la mesa y se llevaron los cubiertos. El valor del token se desplomó, los creadores desaparecieron y la multitud quedó mirando cómo la libertad se iba en forma de porcentaje negativo.
Entonces vino el acting. Que no fue promoción, que fue difusión. Que no es cuenta presidencial, que es personal. Que no conocía a nadie, pero justo todos entraban y salían de la Rosada como si fuera un coworking cripto. Un festival de excusas en 280 caracteres.
La Justicia empezó a caminar, lenta como siempre, mientras los damnificados contaban monedas y la Comisión Investigadora juntaba papeles que hoy duermen en algún cajón con olor a naftalina institucional. Mucho PowerPoint, poca consecuencia.
Los nombres propios se acumularon como manchas difíciles: desarrolladores, intermediarios, empresarios con acceso VIP al despacho presidencial. Todos cerca del poder, ninguno del banquillo. La meritocracia funciona: asciende el que sabe tocar timbres.
En el medio, la narrativa oficial se volvió minimalista: “fue entre privados”. Traducido: el Presidente solo puso la cara, la credibilidad, la vidriera y el empujón inicial. Lo demás es responsabilidad del mercado, ese dios al que se reza cuando conviene y se ignora cuando quema.
Un año después, nadie devolvió nada. No hubo pedido de disculpas, ni autocrítica, ni renuncia simbólica al rol de influencer financiero. La libertad avanza, pero siempre avanza primero hacia los bolsillos equivocados.
La moraleja libertaria quedó clara: en la Argentina del “no hay plata”, siempre hay plata para los que llegan primero al tuit. El resto que aprenda la lección: en el casino cripto del poder, la casa nunca pierde.
$Libra cumple su primer añito y el Gobierno lo celebra como se celebran los escándalos en esta época: esperando que pase el tiempo, que cambie el tema y que los estafados se cansen de reclamar. El olvido también cotiza en dólares.
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