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“Pedid, y se os dará” (Evangelio según Miraflores)

“Vengan por mí… los espero en Miraflores”, dijo Nicolás Maduro. No fue una invitación: fue una bravata. Pero la Biblia advierte: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis”. El problema no es pedir. El problema es quién concede.

La respuesta llegó desde Mar-a-Lago. Donald Trump anunció que Estados Unidos “dirigirá” Venezuela hasta una “transición segura, adecuada y juiciosa”. Gobernar primero, ordenar después. La democracia, como siempre, queda prometida para el tercer acto.

Trump no habló de derechos ni de instituciones. Habló de infraestructura petrolera, de “arreglar” el sistema y de “empezar a ganar dinero”. No citó las Escrituras, pero las aplicó: “Porque al que tiene, se le dará más; y al que no tiene, aun lo poco que tiene le será quitado”. La teología del mercado nunca fue tan explícita.

La operación se narró como epopeya moderna: helicópteros nocturnos, sopletes contra puertas de acero, fuerzas especiales irrumpiendo en Miraflores. El presidente capturado antes de alcanzar su habitación segura. Guerra en tiempo real, consumo inmediato, rating asegurado.

Trump confesó haberlo visto “como un programa de televisión”. No fue un lapsus: fue una definición de época. La política exterior convertida en espectáculo, la intervención narrada como serie premium. Si no te invitan a la mesa, eres parte del menú; si hay cámaras, mejor.

Maduro y Cilia Flores aparecieron vendados, esposados, trasladados a Estados Unidos y acusados de narcoterrorismo. La imagen del poder derrotado circuló más rápido que cualquier nota diplomática. “Por sus frutos los conoceréis”, dice el Evangelio. Aquí, el fruto fue una foto.

Mientras tanto, Washington no descartó tropas en tierra y anunció que la vicepresidencia venezolana gobernará “haciendo todo” lo que Estados Unidos disponga. La soberanía quedó reducida a una cláusula transitoria, administrada desde afuera y auditada en dólares.

Caracas amaneció con humo, cohetes y estado de emergencia. En Florida, con conferencias de prensa y promesas de eficiencia. La Doctrina Monroe volvió sin ser nombrada, pero con helicópteros y contabilidad.

¿El costo operativo de esta misión “pro democracia” salvará al mundo de la drogadicción? No. Pero salvará balances, disciplinará territorios y permitirá volver a predicar que el mal estaba afuera. “Pedid, y se os dará”. Venezuela pidió destino; recibió administración.

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