Mientras Javier Milei exige obediencia absoluta y castiga cualquier disidencia, Victoria Villarruel eligió refugiarse en un viejo concepto que parece haber desaparecido de la política argentina: respetar las reglas aunque resulten incómodas.
Mientras Javier Milei exige obediencia absoluta y castiga cualquier disidencia, Victoria Villarruel eligió refugiarse en un viejo concepto que parece haber desaparecido de la política argentina: respetar las reglas aunque resulten incómodas.
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