Un comentario llegado desde Mendoza plantea una paradoja que merece atención: viajar a Santiago de Chile, alojarse en un buen hotel, disfrutar de su gastronomía y renovar el vestuario puede convertirse en una alternativa tentadora frente a los precios argentinos. Cuando una frontera comienza a parecer una oportunidad de ahorro, el problema ya no es turístico. Es económico.






