Cuando la desmesura reemplaza a la diplomacia, cada discurso deja de ser una opinión para convertirse en un problema de Estado. Las palabras de un presidente nunca viajan solas: siempre llevan detrás la bandera de su país.
Cuando la desmesura reemplaza a la diplomacia, cada discurso deja de ser una opinión para convertirse en un problema de Estado. Las palabras de un presidente nunca viajan solas: siempre llevan detrás la bandera de su país.
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