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Señor, no voy a empezar la Tercera Guerra Mundial por usted

El 24 de octubre de 1950, en clara violación de sus órdenes, el general Douglas MacArthur comunicó a sus comandantes de plana mayor que avanzarian con toda la velocidad y con la utilización total de sus fuerzas para asegurar toda Corea del Norte. Cuando las tropas de la ONU dirigidas por los estadounidenses se acercaron al río Yalu, que marcaba la frontera con la China comunista, fueron emboscadas por 200.000 soldados chinos y rechazadas en desorden. En un par de semanas, el Octavo Ejército de MacArthur estaba de vuelta y detrás del paralelo 38 preparándose para defender Seúl, mientras que el X Cuerpo escapó por poco de la destrucción al realizar una heroica retirada de combate desde el embalse de Chosin hasta el puerto de Hamhung.

El general Douglas MacArthur -alcentro- fue depuesto por el presidente Truman por desobedecer órdenes en Corea.

Fue uno de los episodios más ignominiosos de la historia militar estadounidense -que dio lugar a la partición de Corea- y MacArthur acabó pagando el precio de su insubordinación cuando fue destituido por el presidente Truman en abril siguiente. Truman explicó: “Las políticas deben ser elaboradas por los funcionarios políticos elegidos, no por los generales o almirantes”. Sin embargo, una y otra vez el general MacArthur había demostrado que no estaba dispuesto a aceptar las políticas de la administración”.

MacArthur había esperado erradicar el comunismo no solo de Corea del Norte, sino también de China. Y al interferir en la política, había roto el principio vital de “subordinación militar a la autoridad civil”, piedra angular de todas las democracias sanas.

Es uno de los fascinantes dilemas que el distinguido historiador de guerra Lawrence Freedman plantea en Command, un estudio sobre la interacción entre las consideraciones políticas y operativas durante 15 conflictos desde la Segunda Guerra Mundial. ¿Qué debe hacer un oficial, por ejemplo, cuando la cadena de mando civil le exige un comportamiento ilegal, que contradice sus valores fundamentales o que es inaceptable?

Los veteranos de la sangrienta guerra de contrainsurgencia de Francia en Argelia en la década de 1950 se sintieron justificados al utilizar la tortura y el asesinato para combatir a los insurgentes argelinos (miembros del Armée de Libération Nationale, o ALN), y más tarde, como parte de la Organisation de l’Armée Secrète (OAS), estaban dispuestos a rebelarse contra el Estado e intentar asesinar al presidente Charles de Gaulle -el argumento real de la obra de ficción El día del chacal, de Frederick Forsyth- en un intento de impedir la retirada francesa del norte de África. Al hacerlo, argumentaron que “el primer deber de las fuerzas armadas era el de algunos rasgos esenciales y de civilización del país, más que el liderazgo político”.

Como historiador oficial del conflicto de las Malvinas, Freedman tiene cosas interesantes que decir sobre la eficacia de los acuerdos de mando de ese conflicto. En el lado británico, funcionaron bien al más alto nivel debido a la “confianza” que la inexperta primera ministra Margaret Thatcher depositó en sus comandantes. No tuvieron tanto éxito en el teatro de operaciones propiamente dicho debido a las distancias (8.000 millas), a la falta de información y al hecho de que “la acción a menudo tenía lugar cuando Londres dormía”. Continuación...

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