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Redacción
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17 enero, 2018

Oscar Pérez, héroe venezolano

Venezuela | 16.01.2018 – Durante años he escuchado la expresión clasista: “El rancho está en la cabeza”. Luego de lo que pasó ayer, se me hizo claro que la prisión en la que vivimos es mental. El comunismo no necesita más usar barrotes, porque la gente ya no puede distinguir la verdad de la mentira; ni la corbardía del coraje.

Oscar Pérez y su batallón, se levantaron contra una dictadura, en vez de pedir la baja. En lugar de seguir sus vidas, irse del país o simplemente renunciar.

Oscar Pérez asumió el máximo riesgo por lo que creía correcto. Le quemaron la casa a sus padres, torturaron a sus amigos, exiliaron a su familia y lo mataron a él y a sus soldados. No es que estuvo preso calculando ser mañana Presidente de su país. Lo mataron, organizando una insurreción con probabilidades mínimas de éxito y motivado nada más que por la indignación y la convicción de su causa, ver Venezuela libre.

Durante años la MUD (Mesa de Unidad Democrática) ha pedido que los cuerpos de seguridad desobezcan órdenes de violar DDHH. Hoy, el último reducto de oficiales decentes fue ejecutado y el silencio de los partidos políticos fue ensordecedor. Piden de los militares y policías el sacrificio máximo, pero no los respaldan ni con un tweet. Hasta el mediodía nuestros diputados estuvieron posicionando un #hashtag (etiqueta tag) en absoluta disociación de lo que pasaba en El Junquito; mientras los venezolanos más decentes que sobrevivían, estaban pidiendo ayuda y rogándo que, por lo menos, les creyeran antes de morir.

Por siete meses Oscar Pérez estuvo organizándose, haciendo operaciones y enviando sus mensajes. Desde el inicio, periodistas e “intelectuales” venezolanos lo describieron como un “pote de humo”, un “show” o guardaron silencio sepulcral. No es sino doce horas después de su muerte, cuando se está absolutamente seguros de que lo mataron, que los partidos le dan algún espacio en su narrativa. Es sólo ahora, cuando está muerto y convertido en un símbolo, que deciden reconocer su existencia.

Hoy, siento verguenza conmigo mismo por no haber hecho más. Me da asco haber visto los videos de una masacre, entre reuniones y correos desde mi oficina.

La prisión es mental. Tenemos el país que queremos, hasta decidamos pagar el precio del cambio. No es que nos merecazmos tanta hambre y éste comunismo. Pero es lo que lo tendremos, hasta cuando decidamos asumir el riesgo del cambio. Ojalá me alcance la vida para saldar la deuda con los que han dado todo por la Libertad de éste país.
Ojalá, mi vida sea lo suficientemente larga para ver como el sacrificio de tan pocos, se concreta salvando la vida de tantos.

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Fuente: PanPress – SalaStampa.Eu

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